- Artículo de opinión de nuestro compañero Antonio Anaya Marín
Resulta decepcionante que la feria de novilladas de Castellar haya quedado reducida este año a festejos de cuatro reses, cuando desde hace años se celebraban novilladas de seis, aunque hubo algún paréntesis.
La diferencia no es menor. Una feria de estas características permite que participen doce novilleros en lugar de ocho. Son cuatro oportunidades menos para quienes comienzan su carrera y ocho novillos que dejan de lidiarse. También el tradicional encierro pierde parte de su atractivo, al contar cada jornada con dos reses menos.
Los motivos de este supuesto «ahorro» no se han explicado con claridad. Desde el entorno del equipo de gobierno municipal se ofrecen versiones distintas: unos argumentan que el coste de los novillos es demasiado elevado, mientras que otros sostienen que las novilladas de seis reses resultan excesivamente largas.
La primera explicación transmite una imagen poco positiva de un Ayuntamiento al que, con demasiada frecuencia, los toros parecen resultarle caros. Conviene recordar las palabras de un anterior alcalde, quien afirmaba que «en los toros no se gasta, se invierte», aludiendo al retorno económico, social y cultural que estos festejos podían generar para Castellar, además de contribuir al fomento de la afición.
La segunda explicación resulta, cuando menos, discutible. Supone emitir un juicio de valor sobre la capacidad de la afición y del público para seguir una novillada completa y da la impresión de responder más a un criterio personal que a una necesidad objetivamente acreditada.
Tampoco parece fácil de justificar que, existiendo tres escuelas taurinas en la provincia y siendo la de Jaén la más antigua de todas, no aporte este año ni un solo novillero a la feria. Por el contrario, la Escuela Taurina de Linares contará con dos alumnos, que además repetirán como sobresalientes, mientras que la Escuela Taurina de Úbeda estará representada por otro novillero.
Como aficionados, resulta difícil comprender una decisión de este tipo.
En cuanto a los carteles, salvo el del primer día, nos parece que no alcanzan el nivel que debería exigirse a una feria que, con el paso de los años, había adquirido un prestigio indudable.
Respecto a las ganaderías, es positivo que se anuncie una o dos de la provincia de Jaén. Sin restar mérito a ninguna de ellas, entendemos que Castellar también merece seguir escribiendo su historia taurina con la presencia de ganaderías legendarias y de reconocido prestigio nacional.
Es cierto que las ferias de 2023 y 2024 estuvieron marcada por decisiones desacertadas y una programación muy discutida. Sin embargo, la edición celebrada el pasado año fue, en términos generales, una feria de novilladas más que aceptable, circunstancia que la inmensa mayoría de los aficionados reconocimos públicamente. Otra cuestión distinta fueron los numerosos cambios de toros producidos con posterioridad.
Este año será difícil realizar una valoración igualmente positiva. Desde nuestro punto de vista, son demasiados los aspectos que suscitan dudas y críticas. Incluso da la sensación de que hubiera cambiado el criterio del equipo de gobierno, aunque, que sepamos, sigue siendo el mismo.
Pese a todo, deseamos la mayor de las suertes a novilleros, ganaderos y a los toreros de plata. Al mismo tiempo, conviene recordar que la fiesta de los toros en Castellar se sostiene exclusivamente con dinero público, no con recursos privados ni con el patrimonio particular de nadie. Precisamente por ello, la gestión de estos festejos debe estar presidida por la máxima sensibilidad, responsabilidad y transparencia.
