Seguimos con el perifollo taurino

Y mira que son duros y complicados los tiempos que atravesamos, llenos de incertidumbre, muerte, desolación, silencio, imprevisión, desgracias, ineptitudes, propaganda y mentiras que abruman la vida de todos cuantos estamos recogidos en el confinamiento domiciliario al ver el relato de cada día y conocer la realidad del momento.

La nota de la asociación de ANOET, presidida por Simón Casas, ya no sabemos si de ella o de alguien interesado en sacar partido de este maremagnum de confusión pues en su portal no aparece el relámpago informativo tras la última reunión por videoconferencia de  la junta directiva que decidió enviar una carta al ministro de Cultura y Deporte «manifestando la gravedad de la situación generada» por la crisis del Covid-19 en el mundo taurino y considera «muy importante valorar la situación actual y establecer las acciones necesarias para que cuando, entre todos, superemos esta crisis sanitaria, podamos reanudar la actividad». Anoet se encuentra trabajando en esta línea, velando por los intereses de todos los que forman parte en el espectáculo y de los aficionados.

La Asociación empresarial, pieza fundamental en el organigrama de la actividad taurina, ha visto cómo en un corto espacio de tiempo, todo el castillo de naipes de una temporada se ha venido estrepitosamente abajo. Y lo malo es que no hay remedio alguno para paliar la tremenda contrariedad, el arruinamiento de proyectos y trabajos y la destrucción de una forma de entender este aspecto de la organización taurina.

Sabemos por experiencia vital que una cosa es querer y la otra poder. Pero en este corolario al que estamos todos abocados para superar la pandemia destructiva, conseguir la vuelta a la normalidad y volver a empezar, se pone cada vez más difícil y complicado pues si el sustento falta, difícilmente se puede llegar a que se haga realidad el deseo, el proyecto y la previsión. Claramente, primero comer y después filosofar.

En este perifollo taurino en el que nos estamos moviendo, muchos ganaderos están aguantando el vendaval viendo cómo la fatalidad arrastra sus trabajos por el aire igual que las morceñas y pavesas de una lumbre campera, haciéndoles nada y silencio. No valen lágrimas ni llantos. Por un lado la administración, ociosa y desocupada, casi siempre contraria a la Tauromaquia por ese prurito infeccioso de la propaganda animalista y buenista que la cubre. Por otro, la gente de la información que debería ser veraz, libre e independiente, entregada a la causa que abrazan y obviando todo lo demás, no contribuyendo jamás al bien general, a la información clara, al apoyo de esta obra magnífica, única, genuina que es la Fiesta de toros.

Más adornos excesivos es imposible acogerlos en el gran serón y esportones taurinos con cuestiones que tapan el bosque que no dejan no ya ver al otro lado sino tan siquiera pasar la luz de la alegría, de la esperanza, del renacimiento de una actividad señera, artística, honrada y grandiosa como es la Tauromaquia en cualquiera de sus manifestaciones.

Por eso seguimos en ese perifollo taurino sin sentido, sin capacidad de reacción ni para alzar la voz, aunque sea gritando al diablo.

Escrito por Jesús López Garañeda

Foto: José Fermín Rodríguez