Ni una perra, ni un euro cultural para el mundo del toro

¡Qué duro se hace muchas veces contemplar que voluntariamente se olviden de un sector, el taurino, el cual aporta una más que significativa cantidad de dinero a las arcas públicas en concepto de IVA e impuestos y no se destine al mismo ni un solo euro!.

Y eso que como colectivo integrado en la cultura tiene el mismo derecho que cualquier otra actividad, pese a que haya gobernantes que odian, desprecian y estigmatizan la actividad taurina.

Hoy mismo el Ministro de Cultura ha presentado la decisión en el Real Decreto aprobado por el Gobierno y que destina 76,4 millones de euros para «defender» a un sector que es «la ética pública que debemos proteger». Y al mundo del toro que aporta 140 millones de euros en IVA por temporada a las arcas públicas ni mención, ni tan siquiera de soslayo, despreciando su existencia pues no hay peor cosa que dejar caer en el anonimato, en el sin vivir, haciéndolo desaparecer por arte de birli birloque como si fuera un mago profeso.

El sector anda revuelto en sus pocas organizaciones que se dignan levantar la voz, pidiendo medidas, solicitando entrevistas, reuniones y hecho tangibles para mejorar la terrible pérdida que está padeciendo, pero sin mayor actividad que el lamento, la contrariedad por el desprecio y poco más.

Movilizan realmente 780 millones de euros en créditos garantizados para el sector cultural. Cada ámbito -libro, bellas artes, artes escénicas, música, cinematografía y audiovisual– accederá a un mínimo de 40 millones de euros, lo que les dará liquidez inmediata.

Las artes escénicas, la música,  el cine, el libro, las bellas artes, el mecenazgo y las entidades de gestión colectiva son los aspectos fundamentales a los que ayudan las medidas adoptadas y se llevan todo la cantidad ofrecida.

Y para los toros, que se queden en el corral o en la dehesa, ni una  palabra ni media. El mayor desprecio es no hacer aprecio. Y los taurinos compuestos y apartados de la sociedad como si se tratara de leprosos en la edad antigua.

¡Qué vergüenza!.

Escrito por Jesús López Garañeda

Foto: Fernando Blanco