La vergüenza de cada día, de gracioso no tiene nada

Veo esta fotografía de uno de los monumentos de la plaza de toros de Las Ventas de F. Carrasco que reproduce en su muro y se me revuelven las tripas una vez más ante la incuria, el abandono, el desprecio y la ausencia total de respeto hacia los símbolos más queridos de la España taurina.

Es la guerra de moda a la que curiosamente muy pocos hacen frente.

Hoy es la burla a la estatua en homenaje a la figura de José Cubero «Yiyo» el príncipe del toreo a quien un toro de Marcos Núñez le partió el corazón en Colmenar Viejo cuando tenía 21 años, en la flor de la vida.

Hace un tiempo, como puede apreciarse en la fotografía de abajo cuando llenaron de pintura rosa las imágenes para dar la bienvenida a la feria de San Isidro, gozaban con la noticia medios desalmados y azuzadores del odio entre unos y otros y los más mostraban su indignación por el suceso en el que  fueron ultrajados por el desprecio talibán el doctor Fleming, Antonio Bienvenida, Dominguín y las estatuas que adornan la popular plaza de las Ventas.

El mundo del toro reacciona con lamentos y silencios ante estos vándalos atentados, fruto del desconocimiento, de la ignorancia y de la inclinación malsana de una idea cien veces repetida, machaconamente reiterada, para que siempre prevalezca el respeto.

Los símbolos han sido separados de la vida humana y así algo que entonces era incluso sagrado para colectivos y grupos, es manchado, estropeado, violado y profanado por mentes abyectas, viles y despreciables que se aprovechan de la ley que una sociedad demasiado permisiva y tolerante, mientras a ella no la afecte directamente, y que en el fondo llega hasta comprender cualquier acción reprobable, sea la que sea.

El mundo del toro ha sufrido callado, en silencio y aguantando carros y carretas  insultos, amenazas, voces destempladas, odios, inquinas, ataques y violencia poniendo siempre la otra mejilla, olvidando y dejando pasar el tiempo hasta la siguiente acción.

Ahora, desde un tiempo acá, la Fundación de El Toro de Lidia persigue y denuncia judicialmente estos y otros hechos contra la libertad, las personas y su memoria. Ahí están las denuncias , juicios y sentencias contra quienes se mofaron de la muerte de Víctor Barrio, de Julio Robles, de Fandiño o de un niño que quería ser torero.

Escrito por Jesús López Garañeda