- Artículo de opinión de nuestra compañera Isabel Tabernero
La empresa de Salamanca va a regalarnos un capítulo digno de un tratado sobre el surrealismo aplicado a la tauromaquia
Agárrense los machos, que vienen curvas!! El tradicional “desenjaule” pasará a la historia, no por su brillantez, sino por confirmar que cuando el disparate se convierte en sistema de trabajo, el resultado solo puede ser un esperpento.
Los responsables —los flamantes empresarios conocidos como BMF Toros -porque llamarlos “dos tontos muy tontos” sería repetitivo y demasiado largo para un cartel— han decidido innovar. Y cuando ellos innovan, tiemblan las bases del toreo… y también la paciencia del aficionado.
Se han sacado de la manga otro invento y, como la cabeza no les da para más que echar el día p’alante como dios les da a entender, han montado una mezcla de novillada con rejoneo, condimentada con un toque de “paridad” para poder transmitirle a Ernest Urtasun que en el toreo hay igualdad, diversidad y hasta modernidad. ¿El problema? Que a las tres toreras anunciadas les van a poner delante unos novillos que apenas han dejado de tomar el biberón.
Toda la vida reivindicando que las mujeres tengan el mismo sitio en la plaza, el mismo peso, el mismo respeto… y la empresa cree que la igualdad consiste en darles ganado traído de una excursión escolar. Eso no es igualdad: eso es un insulto casposo.
Con esta jugada, BMF Toros no solo minimiza la capacidad de las profesionales, sino que además degrada al propio espectáculo, porque ni hay emoción ni hay verdad en lidiar animales que parecen salidos de un cuento de Disney. La seriedad del toreo se mide por el trapío, por la exigencia y por la entrega. Y aquí no hay nada de eso: solo un teatrillo de “mirad qué progres somos” que, en realidad, destila un machismo tan rancio como el tejado de los tendidos altos que amenazan ruina.
Si de verdad quisieran igualdad, pondrían a esas toreras frente al mismo ganado que a cualquier otro compañero. Pero claro, eso ya exigiría respeto por la Tauromaquia, criterio y un mínimo de seriedad empresarial. Y pedir eso a según qué empresas es como pedirle a un elefante que baile ballet.
Resumiendo: menos postureo, menos experimentos de feria y más respeto por la profesión, por el público y por las mujeres que se juegan la vida en la plaza. Porque si de lo que se trata es de hacer circo, siempre quedará la opción de montar una carpa, pintarse la cara de payasos y vender entradas para ver el espectáculo.