«Apretón de manos» con un torero, gesto de compromiso.

Siempre que los taurinos oímos hablar del «apretón de manos» entre un torero y una persona significa que se han juntado los destinos del diestro y quien le representará luego en los días de ir y venir por despachos, plazas y oficinas, conviviendo y ayudando, animando y riendo, llorando y comiendo…

Se han juntado dos destinos en un camino a recorrer, distinto por el medio y el fin pero igual en el objetivo: superar, ganar, acertar, conocer, navegar juntos en una barquilla cada día por ese mundo taurino, lleno de emociones, retos, cortapisas e interés.

El apretón de manos, perfectamente captado en la imagen con que ilustramos este comentario, se aprecia el sosiego del torero en su mirada tranquila, agradecida y llena de esperanza, con la frente curtida de resol y aires de viaje, mientras la otra, anónima, franca, noble, se ofrece animosa y leal.

Tenía el apretón de manos en el mundo del toro una significación profunda de compromiso. Luego, con el tiempo, posiblemente ese deseo quedaba roto, olvidado.

Hablan las crónicas taurinas, y no paran, que tal y tal diestro había cerrado con su apoderado el compromiso de representación con el «clásico apretón de manos«, el pacto no escrito en papel ni documento contractual alguno, como los antiguos tratantes que así mostraban su compromiso de hacer o no hacer algo uno por el otro, de conseguir, de intercambiar bienes o servicios cualesquiera.

Hoy, en estos días de globalización que vivimos, ese pacto de caballeros antiguo queda un poco difuminado por tantas y tantas circunstancias y modas, engaños y trapacerías, que suelen darse a lo largo de la vida entre las personas, y especialmente cuando la mentira se quiere pasar por verdad.

En este gesto que hoy comentamos se condensa un sentido de solidaridad y respeto, irrepetible en la vida de las personas que se dedican en el mundo del toro a convivir entre sí. Por eso es preciso seguir reivindicando ese gesto, pero sabiendo la profundidad y el compromiso que encierra en sí mismo. Personalmente, me parece mucho más sincero y emocionante que el abrazo o el beso que tanto se prodiga hoy entre los taurinos.

La vida torera es eso, simplemente un gesto, una actitud, un deseo que bien queda resumida en un apretón de manos.

Escrito por Jesús López Garañeda

Foto: José Fermín Rodríguez