Alfonso Morales, alumno de la Escuela Taurina de Jaén: «Mi mayor sueño es que me vea torear Morante»

  • «SERÍA LO MÁXIMO PARA MÍ RECIBIR LOS CONSEJOS DEL DIESTRO DE LA PUEBLA DEL RÍO», RESALTA ALFONSO MORALES, ALUMNO DE LA ESCUELA TAURINA DE JAÉN
«Mi mayor sueño ahora es que me vea torear Morante», así de ilusionado y rotundo se muestra Alfonso Morales, alumno de la Escuela Cultural-Taurina de Jaén. «Ser figura o vivir de los toros es algo que aún veo muy lejos, por mi edad y nivel actual, aunque espero alcanzar también estas metas, pero la primera es que el diestro de la Puebla del Río pueda darme sus consejos tras presenciar cómo doy una verónica o un natural. Sería lo máximo para mí», resalta este novillero sin picadores jiennense.
  • ¿Por qué tu gran devoción por Morante de la Puebla?
Admiro a muchísimos matadores actuales y del pasado, pero ‘Su Moranteza’ es algo especial para mí. Creo que reúne todas las cualidades que debe tener un torero, como valor, verdad, pureza, gusto, elegancia, naturalidad o espontaneidad. No creo que su toreo sea perfecto, pero para mí sí lo es, tanto con el capote como con la muleta.
  • ¿Qué motivos te han hecho llegar a esa conclusión? 
Ya me gustaba mucho cuando de pequeño me llevaban mis padres a los toros, pero tras entrar en la Escuela Taurina de Jaén y aprender por ello algo de este maravilloso arte, mi admiración es muchísimo mayor, porque tengo ya algunos criterios para comprobar que Morante de la Puebla torea como se debe y nos enseñan a los alumnos que pretendemos ser toreros.
  • ¿Cuáles son tus sensaciones al verle en el ruedo?
Es difícil explicarlo. Lo primero que me fijo es lo bien que coge los trastos, tanto la muleta como el capote, cómo se sitúa en el sitio correcto ante los toros o la hondura y temple de sus lances, siempre muy cerca, cargando la suerte y cruzado ante los pitones de los animales. Vamos, que una de sus lentísimas verónicas, de sus medias metiendo la cadera o de sus profundos naturales no los cambio por nada en el mundo. No he tenido la suerte de verle banderillear, pero me han dicho buenos aficionados que de novillero las ponía de poder a poder, con el máximo riesgo y la mayor maestría.
  • Entonces, ¿tu objetivo como novillero es torear como él? 
Es para mí el mejor ‘espejo’ taurino donde mirarme, pero también intento aprender cualidades de otros grandes diestros que están en activo ahora o de los de antes que he visto en vídeos. Morante de la Puebla es inigualable. Es una imperdonable osadía decir que algún día llegaré a torear como él, pero sí será siempre mi mayor referencia para luchar por alcanzar mis objetivos en la vocación que ambos disfrutamos.
  • ¿Qué piensas que puede suponer Morante en la Tauromaquia?
Yo tengo claro que José Antonio es un matador de época, porque marcará la actual para siempre en la historia del toreo. Y lo mejor para mí es que tengo la suerte inigualable de poder disfrutarla, además que espero y deseo pueda seguir haciéndolo durante muchas temporadas más, porque ojalá que no se retire nunca. No creo que sea ni lógico ni justo compararle con otros inolvidables toreros, porque cada fue y vivió en momentos y condiciones muy diferentes.
  • Por último, ¿te temblarán mucho las piernas cuando sepas que el diestro de la Puebla del Río está en las gradas en uno de tus festejos?
No puedo negar que me pondré más nervioso de lo habitual cuando en el callejón me digan que él está en las gradas, pero estoy seguro que luego delante del novillo será una mayor motivación para mí. Lo que está claro es a quién brindaré mi faena, aunque esté sentado junto a las banderas de la plaza. Y si, además, corto las orejas y el rabo, ni me imagino siquiera la inmensa alegría, euforia o locura que sentiré. 
Este inquebrantable seguidor de Morante de la Puebla, con sólo 16 años de edad, continúa durante estos días con su preparación en la Escuela Cultural-Taurina de Jaén de cara a la próxima temporada, mientras sueña dormido y despierto que, al asomarse al ruedo en algunas de sus próximas novilladas sin picadores, huela a puro, para seguir el reguero de este humo hasta divisar a ‘Su Moranteza’.
Ojalá que así sea, porque la vida es sueño, y la de los becerristas lo es más todavía.
Texto: Antonio Cepedello
Foto: Ariadna Quesada