- Artículo de opinión de Isabel Tabernero
- DIEZ DÍAS, “INMINENTE”… Y NI TORO NI VERGÜENZA: LA FARSA DE LA ESCUELA DE SALAMANCA SIGUE SIN RESPONSABLES
Lo de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca ya no es un despropósito: es una tomadura de pelo con todas las letras. Una corrida amañada donde el único que no pinta nada es el alumnado admitido… llevan meses tragando sin que nadie serio dé la cara.
En febrero dijeron que “Diez días”. Luego “en breve”. Después “inminente”. Y aquí seguimos, viendo pasar el tiempo como si fuera una verónica eterna sin remate. Porque claro, para Jesús María Ortiz el calendario debe de ser orientativo, como esas ganaderías que anuncian bravura y luego sacan borregos. Palabras grandes para tapar hechos pequeños.
Lo grave ya no es el retraso. Es la desvergüenza de sostenerlo sin asumir nada.
Ni una explicación seria. Ni una responsabilidad. Ni un paso atrás. Aquí no dimite nadie, aquí no pasa nada, aquí todo sigue igual aunque la realidad sea un solar. Y mientras tanto, los alumnos esperando a que alguien deje de torearlos de salón.
Porque eso es lo que hay: chavales apuntados a una escuela que no existe. Familias organizándose alrededor de un proyecto fantasma. Y desde el despacho, silencio, humo y titulares reciclados. Una faena larga, pesada, sin verdad… de las que desesperan hasta al más paciente del tendido.
Y ojo, porque aquí hay chavales que han pagado, que han apostado, que han organizado su vida alrededor de una escuela que, a día de hoy, es más fantasma que real. ¿Indemnizaciones? Pues igual no es ninguna locura. Cuando te venden algo que no existe, en cualquier otro ámbito se llama estafa o, como mínimo, responsabilidad. Pero claro, cuando lo hace la administración, parece que entra en el terreno de lo etéreo, del “ya veremos”.
Y si no hay explicaciones claras, igual lo que toca no es esperar más comunicados grandilocuentes, sino plantarse —literalmente— a las puertas de La Salina. Una buena sentada, como un quite a cuerpo limpio, para recordarles que al público no se le puede engañar eternamente. Que el tendido también protesta. Y que cuando se cansa, no hay presidencia que tape el escándalo.
Y lo peor no es el error, que puede pasar. Lo peor es la actitud: ese “aquí no ha pasado nada”, ese escurrir el bulto, ese aguantar en el sitio como si la bronca no fuera con uno. En el toreo, cuando uno no está, se va. Aquí no: aquí se sigue, aunque no haya nada que sostener.
Esto no es política. Esto es una mala corrida. Sin toro, sin mando… y con demasiados empeñados en que aquí nadie vea lo evidente. Y ya va siendo hora de que alguien, de una vez, escuche la bronca.
Ilustrísimo Sr. Jesús María Ortiz: con el debido respeto —cada día más exigente—, quizá haya llegado el momento de hacer un triple favor: a los ciudadanos, a la institución y a usted mismo. Dimitir no siempre es una derrota; a veces es el último gesto de responsabilidad. Porque hay algo peor que parecer incompetente: confirmarlo cada vez que toma la palabra. Y, a la Tauromaquia, hágale también un favor: no la convierta en burladero, a ese arte se llega con oficio y credibilidad y le ha pasado a usted eso que se dice en el argot taurino ‘el toro bueno descubre al mal torero’.
Foto: RRSS