- Artículo de opinión de nuestro compañero Antonio Anaya Marín
Cuando en Castellar (Jaén) se puso en marcha un Certamen de novilladas sin picadores, este no respondía a un antojo, un capricho o una improvisación. Existían desde mucho tiempo atrás ideas, conversaciones e incluso páginas escritas sobre lo que podría o debería ser. El alcalde de entonces tenía muy claro todo esto y, sobre todo, había algo también meridiano: el proyecto podía desarrollarse directamente por el Ayuntamiento o a través de empresarios, mediante un pliego pormenorizado, riguroso y exigente que reflejase fielmente lo que se pretendía. Ninguna de las dos posibilidades estaba descartada.
En 2021, tras la pandemia, el alcalde se planteó que fuese el Ayuntamiento quien, después de la experiencia positiva con empresarios en 2019, se encargara de continuar con la organización. Sencillamente, quienes fueron consultados, en esos momentos, no supieron apreciar el ambicioso proyecto y las ideas que aquel equipo de gobierno había puesto en marcha y sobre las que deseaba seguir profundizando y mejorando. Son los típicos errores de una parte del taurinismo profesional.
Lo que sí estaba claro era que habría que ir corrigiendo y modificando, en un plazo razonable, aquello que la experiencia y la realidad aconsejaran. Así fue. La segunda edición del Certamen se organizó, por el Ayuntamiento, en apenas doce días, con la ayuda externa de un par de colaboradores del mundo taurino y de un reducido grupo de personas que aportaron ideas y trabajo de forma totalmente altruista, desde su condición de aficionados libres de cualquier interés particular.
Una de las líneas que se quiso potenciar fue la de traer no solo ganaderías de la provincia —siempre se intentó contar al menos con una, aunque no siempre fue posible por diversas circunstancias cuya explicación resultaría excesivamente extensa—, sino también ganaderías de prestigio e incluso alguna procedente de fuera de Andalucía.
Esta iniciativa fue acogida con entusiasmo por dos motivos. En primer lugar, porque la historia y la plaza de toros de Castellar merecían que determinadas ganaderías quedasen inscritas en su palmarés. En segundo lugar, porque los novilleros sin picadores no deberían estar siempre sujetos al mismo tipo de ganado. Era importante que pudieran medirse con encastes de historia y prestigio. Sin duda, eso les proporcionaría motivación y nuevas energías.
Además, el Certamen se concibió como un proyecto destinado a perdurar en el tiempo y a otorgar categoría a la fiesta y renombre al pueblo de Castellar.
También se consideró esencial contar con los novilleros que más pudieran aportar al futuro de la fiesta, y no simplemente con aquellos cuya contratación resultara más sencilla. Para reforzar este objetivo, se incrementó el premio material con la incorporación de un capote de paseo, además del trofeo «Ricardo López».
Otra línea importante consistía en aumentar progresivamente el número de novillos por festejo, pasando de cuatro a seis, con el fin de dar cabida a más novilleros y, por tanto, ofrecer más oportunidades. Siempre se mantuvo como principio básico que cada participante tuviera la oportunidad de lidiar dos novillos.
Estamos hablando, claro está, de novilladas sin picadores, nunca de clases prácticas, donde muchos elementos tienen un carácter simbólico, incluida la presidencia, y en las que la escuela organizadora puede y debe decidir el resto de aspectos.
Todo ello se complementó con un equipo de megafonía y con un guion diario en el que se explicaban detalles de las ganaderías, de los toreros y de diversos aspectos de la lidia y de la fiesta en general, sin interferir en el desarrollo del festejo. La labor didáctica resulta fundamental para crear un ambiente serio y respetuoso, además de atraer a nuevos aficionados.
Se eligió asimismo un jurado compuesto por tres personas de distintas edades: una mujer y dos hombres aficionados. Desde el segundo año, los tres carecían de cualquier interés profesional, económico o personal relacionado con el Certamen. Cada miembro se situaba en una zona diferente del coso para evitar influencias mutuas. El trofeo se otorgaría por mayoría o unanimidad y, llegado el caso, podría declararse desierto.
El Certamen no estaba concebido como una actividad aislada. A su alrededor debían celebrarse diversas iniciativas complementarias, además del festejo extraordinario de septiembre destinado a premiar a los triunfadores del año en curso y del anterior, con la lidia de dos novillos por participante.
Entre esas actividades figuraban tentaderos para los dos primeros clasificados, un festejo especial con motivo del Día de Andalucía y una presentación de carteles cuidada y elaborada, que constituyera un acto eminentemente taurino vinculado a Castellar y a su historia.
Como ya se ha dicho, nada de esto respondía a un capricho o una ocurrencia. Todo lo contrario. Se trataba de un proyecto vivo, abierto a modificaciones destinadas a mejorar y otorgar mayor categoría al Certamen, pero sustentado sobre unas líneas básicas y esenciales que debían guiar su desarrollo. Y así se hizo.
Se llegó a 2023 con un cartel de ganaderías y novilleros extraordinario, que incluso superaba, algo ya difícil, a los de 2021 y 2022. Estaban apalabradas las ganaderías de Martín Campos, de Jaén, junto con las de Cebada Gago, Santiago Domecq, Torrealta y Adolfo Martín para la gran final del Certamen. Todas ellas aportarían seis novillos. Del mismo modo, ya estaban cerrados los compromisos con los novilleros que mejor podían representar el futuro de la fiesta.
Por desgracia, en 2023, tras el cambio en la administración municipal, se presentó una feria de novilladas descafeinada y carente de interés, que nada tenía que ver con lo que ya se había planificado. El pasado año se intentó corregir esa situación y surgió una feria más atractiva; sin embargo, al faltar algunas premisas esenciales, ya no puede hablarse propiamente de un Certamen, por mucho que así figure en los carteles.
En realidad, se trata de una feria de novilladas con un trofeo, ya que carece de los elementos fundamentales que caracterizan a un certamen: una fase clasificatoria y una gran final que se habia previsto de tres en 2023. Cuando esos elementos desaparecen, hablamos simplemente de una feria y de un triunfador de feria.
Un Certamen, por tanto, es algo importante, concebido y diseñado durante años dentro de un proyecto serio y elaborado. No tiene cabida la improvisación, los antojos personales ni las posturas acomodaticias. Debe mantenerse siempre en una dinámica de mejora e innovación, por el bien del futuro de la fiesta y por el prestigio de Castellar como pueblo taurino, poseedor de una larga tradición en los festejos sin picadores.