Se trata de recuperar y fomentar con la dignidad y la seriedad precisa las Novilladas sin Picadores

Para mí es fácil defender las novilladas sin caballos, como la base y el futuro de la fiesta.

Estos festejos son los pilares que sostienen la fiesta a través del tiempo, sin ellos no habría toros.

Y digo que me resulta fácil defenderlas, porque en Castellar, mi pueblo, siempre hubo este tipo de festejos y durante décadas no hubo otra cosa, ahí nació la afición de muchos niños y jóvenes y ahí nació la mía.

En una de esas novilladas, se produjo además la cogida mortal de un novillero, Ricardo López, en el año 1957, en cuya memoria y honor se celebra el actual Certamen de Novilladas iniciado el pasado
año por el nuevo Ayuntamiento de Castellar. Anteriormente se otorgaba un trofeo, con el mismo nombre, en una feria que no siempre, en la última época, se programaba este tipo de celebraciones taurinas.

Si hacemos un poco de historia de la tauromaquia, las Novilladas sin Caballos eran muy distintas en la antigüedad y en realidad se confundían frecuentemente con las capeas y cuando se le dio mayor seriedad, no se mataban los novillos a diferencia de las corridas de toros, después se regularon de manera parecida a las corridas y novilladas, pero con sus peculiaridades.

Ahora dentro de las Novilladas sin Picadores, aunque no claramente diferenciadas ni reconocido legalmente, podemos decir que existen “categorías” y son distintas unas de otras. Algunas, dentro de ellas, se podrían considerar como “superiores” que suelen ser las de Certámenes y Concursos – no siempre- bien organizados, en las que los novillos tienen presencia y apariencia, buenas
hechuras y una edad cercana al utrero, con un peso adecuado y por lo tanto ya podríamos hasta hablar de “trapío” de novillo. También los novilleros participantes deben estar preparados para esas novilladas superiores que son especiales.

Por otra parte el arreglo de los pitones se suele limitar al mínimo imprescindible “despuntados” como marcan los reglamentos, ha habido incluso quien reclamaba que no se tocasen los pitones y se pedía para estos festejos un tratamiento especial de cara a seguros, impuestos y fiscalidad y no estaría mal conseguir una y otra cosa.ç

Otra cuestión son las que podríamos llamar “inferiores”, en las que los erales son justitos, a veces muy despuntados y los novilleros situados en un estrato un poco inferior. Por debajo estarían las becerradas.

Apoyo y apoyaré este tipo de festejos porque son imprescindibles para la fiesta y su futuro, y porque es donde se puede ver a los toreros que luego sustentarán los toros, además de resultar, espectáculos ágiles y que llegan con facilidad al aficionado y al público en general, se hacen más amenos para los no muy iniciados, al no tener el tercio de varas, y si el novillo tiene presencia suficiente y apenas se despunta, la sensación de riesgo existe siempre y por tanto la emoción.

La frescura, espontaneidad y el arte juvenil y natural de los chicos que empiezan contrasta y es positiva –o debería contrastar y ser- con la de quienes llevan tiempo en el toreo o ya son figuras. Siempre se agradece ver torear a la generación del relevo, aquí es donde quiero hacer hincapié, es fundamental que las escuelas hagan una selección acertada y no permitan el “pegapasismo” y la vulgaridad, por muy técnicos que puedan ser los chicos y por el contrario destaquen la personalidad, la diferencia, el arte y la medida.

Sacar colecciones de novilleros como si fueran cromos no nos lleva a nada, y sólo servirán para sumir la fiesta en un panorama como el actual, donde muchos toreros parecen clonados de otros. Es necesario mantener los principios básicos del toreo, no se pueda inventar un “contratoreo” o “destoreo” como ahora, a veces, parece que se quiere hacer, en las escuelas hay suficiente conocimiento y toreros muy reconocidos, preparados y dispuestos para poder fomentar los valores eternos de la fiesta y no centrarse únicamente en enseñar una técnica exageradamente utilizada, sin apenas dar lugar a la improvisación, la inspiración y el arte.

En la verdad y autenticidad de la fiesta está la seguridad de su futuro y si bien es muy importante la integridad del toro y de los novillos, también lo es que el toreo tenga emoción y se haga conforme a los cánones de siempre. La torería es mucho más que darse paseos por la plaza adoptando posturas, la torería está en el cite, en la forma de pasarse el toro muy cerca del torero, y en el remate del pase o capotazo, para abandonarse en el ruedo, dejarse llevar por la inspiración y así protagonizar con un capote o una muleta, no muy grandes, una obra inigualable en la que el novillero y el torero dominen al toro y marquen los tiempos del toreo de siempre, del único y
autentico: el de la emoción y el riesgo.

También de ahí la importancia de que los jurados, en los Certámenes de Novilladas sin Picadores, sean verdaderamente independientes y alejados de influencias, sean capaces de ver algo distinto y meritorio que no sea más de los mismo, lo de los últimos tiempos, en los que abunda, repito, el pegapasismo y la vulgaridad, de esto ya tenemos bastante, por desgracia. Nos hace falta enfocar la fiesta también desde la base, desde los festejos sin picadores… y de otra manera, volviendo a recuperar todo lo perdido.

Las Novilladas sin Picadores siempre son una buena ocasión, son el futuro.

Escrito/Foto: Antonio Anaya Marín