Saber de toros, hablar de toros, fomentar los toros… ¡Vamos, taurinos!

Y luego dicen que los toros no tienen futuro, que es una fiesta obsoleta y rancia soportada por cuantos nos dedicamos a estar a su lado, amarlos, respetarlos e integrarlos en una forma de vida a la que algunos otros quieren aplicar el ahogo y la eutanasia por asfixia de olvido.

Y no lo van a lograr porque muchas personas en su silencio callado están aferradas a la esperanza de volver a empezar algún día, cuando este yugo ya insoportable al que nos ha uncido un gobierno desnortado, incompetente, equivocado, que desprende un tufo de fracaso para muchos, pueda ser liberado ese buey que ara, que trabaja, que madruga, el que está en el campo y que cuida de las explotaciones agropecuarias.

Saber de toros, leer las cartillas de torear, los principios de una vocación señorial, genuina como hemos dicho siempre, única y especial, es una lección que debe ser aprendida por todos aquellos que nos encontramos en la academia del transmitir, de juntar letras y de poner ideas sobre el papel para que en sus propuestas de mejora, las cosas vayan por un rumbo mejor y más idóneo.

En estos días de confinamiento, de tragedia, de silencios, de roturas, de desprecios y de lágrimas, los libros de toros nos acompañan a muchos para conocer de ellos sus mensajes, ideas y actitudes de quienes protagonizan sus páginas y nos dan advertencias o hacen reflexionar y sobre todo ofrecen alivio al paso del tiempo. Y como bien dijo Gonzalo Argote de Molina es «la fiesta taurina la más apacible fiesta que en España se usa. Tanto que sin ella ninguna se tiene por regocijo. y con mucha razón, por la variedad de acontecimientos que en ella hay».

No extraña que Félix Calvo Casasola, un alcalde que fue de Villalar de los Comuneros, durante medio siglo ininterrumpidamente llegó a decirme en una entrevista que publicó El Norte de Castilla con motivo de las fiestas de la localidad vallisoletana: «Una fiesta sin toros, es una fiesta muerta» en un arranque de sinceridad empírica y comprobada por el tiempo año tras año, a la sombra augusta del obelisco comunero.

Saber de toros, hablar de toros es afición más que gustosa y en la que ahora no abundan las varillas  de nombres de autores que publican sus obras reflejando al toro bravo y su idiosincrasia, cuando hasta no hace tanto tiempo incluso se desarrolló un manual de patología médica y quirúrgica del toro de lidia a cargo del Instituto tecnológico agrario de Castilla y León,  coordinado por Juan José García García y ahora caído en el ostracismo del silencio.

En fin. Mucho trabajo hay por delante en el devenir del tiempo. Sobre todo cuando arrecian los malos vientos, los aires adversos sobre un animal legendario, único e irrepetible que acompañó al hombre en su misma historia. Por ello a tí, lector, finalmente, procura/ de tu parte en la ocasión/poner siempre el corazón/y obre siempre la ventura.

Escrito por Jesús López Garañeda 

Foto: José Carpita