Ruiz de la Hermosa, digno ganador del Certamen de Castellar

Las Novilladas sin Picadores son otra cosa. El aficionado es consciente de que está inmerso en el origen de la fiesta, en su base.

Los ojos y las miradas de los toreros son distintas; su timidez y su humildad, aunque luego en la plaza se transformen, denotan que sus vidas están guiadas por un sueño, por una ilusión que sobrepasa lo que consideramos normal. A algunos se les ve atenazados por la responsabilidad como rígidos y abstraídos ante lo que pueda y vaya a pasar por la tarde. Acaban de iniciar su carrera, pero ya se atisban cosas importantes en muchos de ellos. Solo hay que observar y dejarse llevar… y en quien tiene algo especial se descubre pronto.

Ruíz de la Hermosa lo tiene sin duda, aún con todos sus defectos actuales. Lo grande ya la vez lo duro y tremendo de la fiestas de los toros es que no siempre llegan al final los mejores. Como en la vida influyen muchas cosas. La suerte por supuesto, pero también muchos factores y circunstancias que no siempre se pueden controlar o abordar.

A veces ocurre que el entorno o la propia personalidad de algún joven torero echa también a perder unos comienzos muy prometedores. Suele ocurrir.

El triunfador del Certamen “Ricardo López” promete y mucho. Se le ve algo distinto, algo diferente, tiene personalidad y además torea con cierto sentimiento, templa muy bien y lleva al toro con la muleta baja, sacándola a veces por debajo de la cepa del pitón y próxima a ese “detrás de la cadera”. Aun así tiene mucho que pulir… y con la espada también.

Desde la mañana de la final los novilleros tuvieron un día un tanto especial. Tanto Ruíz de la Hermosa como Andrés Gil, junto con sus acompañantes, empresa, jurado y presidente, fueron recibidos por el Alcalde y parte del Equipo de Gobierno en el Ayuntamiento. No se esperaban algo así. Escucharon cosas importantes sobre el futuro de la fiesta y comprobaron, sobre todo, la defensa y el valor que se les da desde el Ayuntamiento de Castellar a lo que consideran que es la base de la fiesta: las novilladas sin picadores. Del mismo modo se ensalzó la figura del torero que empieza… la de ellos.

Ver reconocidas sus cualidades, su esfuerzo y el de sus familiares y amigos, y verse ensalzados como toreros supuso para ellos, sin duda, un acicate importante. No obstante se les recordó también que gracias al dinero público podían torear y que por eso había que hacer las cosas con seriedad, transparencia y de la mejor manera posible. Acierto total en este acto tan sencillo pero tan importante para la fiesta.

Está claro y es justo reconocerlo que ahora en Castellar no se programan festejos sin sentido, al tuntún o al capricho, sino que se ha entrado en las entrañas mismas de la fiesta y desde dentro, en la medida de las posibilidades del Ayuntamiento , se están poniendo bases sólidas para afianzar la fiesta y divulgar sus valores artísticos. Y la base, en este caso, es un Certamen de novilladas, tratando de cuidar los detalles, con novillos bien presentados y novilleros dispuestos a darlo todo.

Ha sido el primer año y habrá que mejorar cosas y asegurarse otras… y conseguir la implicación de aquellos que quieran de verdad defender la fiesta. Detalles como el de un palco vacío solo con el presidente del festejo y los dos asesores, parece una anécdota pero dice mucho: no se utiliza la fiesta para promoción de nadie. Al contrario es la fiesta la que aprovecha el dinero público que se pone a su disposición, para intentar proyectarse y promocionarse por tanto; para conseguir nueva afición, para lanzar a nuevos toreros, para resurgir con seriedad y no como un tópico más anticuado. Faltan cosas… algunas, pero todavía de importancia.

No dudo de que si este Ayuntamiento sigue así lo conseguirá en el futuro. La novillada de Apolinar Soriano, elegida para la final expresamente, no resultó del todo completa y sobre todo el último novillo parecía estar descoordinado, tras ponerle las banderillas. Una pena, pero estas cosas ocurren de forma natural en los toros y forman parte de esa suerte de la que hablábamos.

El joven novillero venezolano, Andrés Gil, dio una vez más, como en la fase eliminatoria de agosto, una versión de novillero que quiere triunfar y que intenta y puede hacer cosas importantes. En su primero, el segundo de la tarde, un buen novillo, comenzó demasiado atacado y bullidor, pero fue serenándose conforme transcurría la faena y acabó
con muletazos más que aceptables, cortando una merecida oreja.

En los primeros novillos, los dos pusieron banderillas compartidas con el sobresaliente, Manuel Casado; lo hicieron de forma vistosa por lo que recibieron las justas ovaciones del público.

El triunfador del Certamen, Ruíz de la Hermosa, tiene ese algo especial que se nota en algunos toreros, como si estuviese tocado por la varita mágica de la personalidad y el toreo autentico. Está lejos de alcanzar la perfección, como es lógico, pero se aprecian cualidades que no son muy comunes en todos los que empiezan. Hizo una faena correcta al primer novillo, salpicada de momentos y muletazos bastante buenos. No le dio quizás la distancia adecuada en alguna ocasión pero estuvo al nivel del novillo y de un torero sin caballos. Tiene que mejorar con la espada. Al primero lo mató de una estocada baja y se le concedió una oreja. Ya entre algunos aficionados y público, se comentaba en esos momentos que este torero tenía algo diferente

Tras la entrega y la faena de Gil la competencia entre toreros aumentó. De la Hermosa tenía que ofrecer su mejor versión en el tercero. Salió un novillo que demostró su mansedumbre tras las banderillas y que se quedaba complicado para la muleta, por ese comportamiento de mansedumbre pero con una embestida noble. ¡Ojo…fue manso pero con casta! Hay diversos tipos de mansedumbre y la de este novillo no era la de un buey que empuja pero no embiste. Embestía bien aunque se sentía incómodo en determinados terrenos. El novillero lo entendió e hizo una buena faena, dando los mejores muletazos de la tarde y me atrevo a decir que de todo el Certamen. Dio varios pinchazos sin soltar y mató de una estocada baja pero fulminante. Si hubiese matado a la primera, sin duda se le hubiesen concedido las dos orejas del novillo.

En el último Gil estuvo muy voluntarioso pero las condiciones del novillo no le permitieron hacer nada especial, sino dar muestra de su gran disposición y sus ganas. Le deseamos lo mejor en el futuro.

Desde que llegué a Madrid, y fui por primera vez a las Ventas, hace cuarenta y cinco años, llegaba con una predilección especial por las novilladas sin caballos que daban en mi pueblo. Buenos aficionados de los que quedan pocos, me enseñaron en aquellas míticas gradas y andanadas del ocho, que había que ser benévolo con los que empiezan y duro con los que están arriba, pero siempre tratando de ser muy justo, desde los cánones de la fiesta y
desde la autenticidad y el rigor. De ahí que pocas veces se me verá juzgar con dureza a un novillero sea con caballos o sin ellos y sin embargo si se me verá analizar las faenas de las llamadas figuras con el máximo rigor, pero siempre en función del toro que tienen delante y de la categoría de la plaza.

Para finalizar comentaré algo que mucha gente no sabe: los novilleros no se pueden permitir pagar un hotel, aunque sea humilde, y el Ayuntamiento les facilita un local adaptado para poder vestirse de toreros, descansar y ducharse tras el festejo. Este será otro capítulo que tendremos que abordar en el futuro los aficionados… y también las instituciones. La fiesta de los toros merece otro cuidado y otro esmero. No vale cualquier cosa, no. O cuidamos la
base y la esencia misma de los toros o la fiesta la veremos agonizar de manera precipitada. Los toros no son solo un negocio: son una afición, una forma de vida, un arte… y deberían ser un espectáculo íntegro y transparente.

Escrito por Antonio