¡¡¡ Reflexiones y breves apuntes históricos, ante la próxima Feria Taurina de Castellar !!!

  • Artículo de opinión de nuestro compañero Antonio Anaya Marín

En unos días Castellar comienza su feria taurina, una feria de cuatro novilladas sin picadores entre los días 12 a 15 de agosto. Como aficionado considero que un ciclo de estas características es lo mejor para poblaciones con esta tradición y que de verdad aman la fiesta.

Hubiésemos preferido un Certamen de importancia, con fase clasificatoria y gran final, como en el periodo 2019-2022, pero a falta de eso, lo positivo es que se trata de novilladas sin picadores que, por cierto, no tenemos que confundir con clases prácticas, donde todo es simbólico. Esas clases están organizadas por las escuelas como entrenamiento y ensayo general de sus alumnos. Las novilladas, sin embargo, son festejos “oficiales” con la responsabilidad de los empresarios, en este caso Ayuntamiento, con un presidente que no es simbólico, sino que ejerce su criterio y autoridad antes, desde el sorteo, y durante el desarrollo del festejo, tanto en el ruedo como en toriles y en el callejón, cumpliendo el reglamento, e incluso después si surgiese algún problema añadido. Siempre con un delegado de la autoridad que representa la intervención directa del órgano gubernativo correspondiente a través de ambos. Además las novilladas suelen ser de dos novillos para cada participante, lo cual es mejor para el novillero y para las valoraciones del aficionado.

Sobre el cartel resulta una feria interesante, en cuanto a toreros y ganaderías, que, insisto, vuelve a hacer honor a la tradición castellariega de festejos sin picadores. Ya vemos por el pueblo los preparativos de los más que añejos encierros de esta población de origen ibero, que cuenta con uno de los santuarios ibéricos más importantes; que es monumental, contres bienes declarados de interés cultural y con el título de “pueblo mágico”, situado en la comarca del Condado de Jaén en una colina de casi ochocientos metros de altitud.

La colocación de talanqueras y los cortes de calles adyacentes a la del encierro así como los adornos en la que será la carrera por donde se soltarán los novillos, se producen como cada año, desde hace muchos, para cada mañana de festejo taurino llevar a encerrar las reses bravas que por la tarde se lidiarán. La primera fecha sobre los toros que se conoce en Castellar, a través del Cossío, es la de 1768, en el lugar de Consolación, con celebración de suelta y lidia de reses, cuya carne luego era repartida de “limosna” entre el vecindario. (Publicamos este importante dato en la Revista de Fiestas locales de 1995, con la fotocopia de la página del Cossío)

Esto del encierro de toros o novillos bravos no es ningún invento de nadie. Está basado en la antigüedad cuando las reses se traían a pie desde las ganaderías, durante jornadas, por caminos, cañadas y veredas, y se concentraban, al llegar, en una zona cercana al pueblo hasta que el día anunciado se entraban en el pueblo entre vaqueros andando o corriendo y algún caballista que otro, entendidos en la conducción del ganado bravo, arropados por los cabestros y acompañados de los mozos del pueblo hasta la plaza donde se produciría la liturgia del toreo. Hasta finales de los años sesenta se hicieron así en Castellar. Otra cosa distinta es la suelta de reses que no se van a lidiar, por la calle, y que realmente no son encierros como tales. Se rige, además, por una normativa específica.

Cinco enclaves distintos tuvieron en Castellar las plazas portátiles, entonces de talanqueras; al principio con carros y maderas y después con bidones y tablados construidos ex profeso. Es famosa entre los castellariegos y ya forma parte de su historia taurina, la que se construía en el llamado corralón de Don Senén y que constituía una verdadera obra de arquitectura e incluso de ingeniería, pues era tal la meticulosidad con las que estaba construida cada parte y rincón de la plaza y el perfecto equilibrio que debían guardar sus distintas formas y componentes para mantener la seguridad de todos, desde que se abrían las puertas hasta que se cerraban, para publico y toreros. Se trataba de un ruedo cuadrado formado por bidones llenos de agua que sostenían el peso del andamiaje, con unos tendidos construidos con maderas, palos, sogas, cuerdas y clavos. Dentro de ella, construidos igualmente con maderas, estaban los toriles. La enfermería se encontraba en un edificio anejo a la plaza.

En el año 1976, se construyó e inauguró una nueva plaza de toros, ya permanente, siendo de obra sus muros, así como el callejón y otros habitáculos, como la enfermería. En los primeros, años se instaló parte del tendido con maderas que poco a poco y a través de importantes reformas se fue eliminando, sustituyendo todo el armazón de la plaza por hormigón, cemento y demás materiales de construcción. El próximo año, en 2026, se cumplirán, por tanto, cincuenta años de esta inauguración del coso taurino actual y esperamos que se recuerde y se celebre como la ocasión lo merece.

El alcalde de entonces, D. Guillermo Ropa Molina, tomó esa importante decisión con el apoyo de su equipo, buscó el enclave que creyó más ideal en un espacio público, pensando también, especialmente, en un recorrido accesible y fácil para los encierros. Con el Ayuntamiento y gracias a la movilización que desde allí se creó, colaboraron desinteresadamente los maestros de obras, la mayor parte de albañiles y profesionales de otros oficios, incluyendo distribuidores de materiales, además de una parte importante del pueblo que participó, de una manera decisiva, en la realización de ese primer proyecto de una plaza de toros fija.

Los preparativos para los toros, que hoy por hoy son la base que sustenta las fiestas de Castellar, son evidentes en estas fechas y crean un especial ambiente antes del comienzo de su feria. Sería muy difícil, si no imposible, imaginar unas fiestas sin toros en este pueblo, pues siempre constituyeron esa imprescindible base. De ahí la importancia de una perfecta organización de sus espectáculos taurinos.

En pocos días doce novilleros sin picadores, de los más destacados actualmente, y veinticuatro novillos, de cuatro ganaderías distintas, estarán en el ruedo castellariego con el afán de volver a vivir tardes importantes para seguir apoyando los cimientos de la fiesta y para la construcción de su futuro. Estás novilladas sin picadores, constituyen, sin duda, para muchos aficionados, la parte mas natural y autentica de la fiesta de los toros. Novilleros y novillos, toreros y toros, aparecerán en el ruedo en su más pura esencia y romanticismo, desde el recuerdo siempre a aquel novillero sin caballos, albaceteño, llamado Ricardo López, que en este próximo cuatro de septiembre se cumplirán sesenta y ocho años de su muerte en una clínica de Linares, por una gravísima cogida sufrida, el día anterior, en Castellar al recibir, con un lance de capa, al novillo “Palomito”, que pertenecía a la vacada de Doña Amelia y Don Alberto Márquez de Sevilla.

Máximo respeto, para nuestros novilleros y seriedad y rigor para nuestras novilladas sin picadores. Son el presente y el futuro de la fiesta de los toros. Hay que darles la gran importancia que tienen.
(Fotografía, de la Plaza de toros de Castellar. Finales de los años sesenta o principios de los setenta.)