Reflexiones de un aficionado ante el nuevo año

  • Artículo de opinión de nuestro compañero Antonio Anaya Marín

Comienza el nuevo año y, también en los toros, surgen nuevas esperanzas para los aficionados. Buenos propósitos y fervientes deseos de que en la fiesta de los toros todo funcione mejor y la autocrítica, que debe existir siempre, sirva para mejorar y hacer avanzar a la fiesta.

Hay tres palabras que deberían ser las principales protagonistas en los toros: autenticidad, integridad y verdad. Añadiría un concepto más: transparencia e información veraz.  La fiesta no es ajena a lo que circula por la sociedad en forma de medias verdades, mentiras e incluso bulos y la información, a veces, deja bastante que desear. Podríamos decir que en algunos casos, esa información es dirigida y orientada hacia intereses puramente comerciales sin tener en cuenta la esencia de la fiesta. Así es difícil formar nuevos y buenos aficionados. Tenemos una nueva y no tan nueva afición que en muchos casos no conoce conceptos y términos taurinos importantes. Y eso es culpa, en buena parte,  de esa información errónea y en determinados momentos hasta disparatada que se tiene sobre los toros a través de distintos medios y de las redes.

Los toros, erales y novillos, de lidia tienen que ser y presentarse auténticos e íntegros en sus condiciones físicas y con la fiereza y las demás características propias de la bravura, como la nobleza, que en absoluto es incompatible con esa fiereza necesaria para dar emoción a la labor del torero, sea de la categoría que sea. Por otro lado, la verdad es muy importante en la realización del toreo. Por desgracia, en el panorama actual no siempre es así y a veces se encuentra más verdad en los novilleros sin caballos que en las propias figuras del escalafón.

Nos solemos escudar en cuestiones externas y en politiqueos de escaso nivel para olvidar y hasta tapar los problemas internos que existen y que son reales dentro del mundo del toro. Vamos a sanear lo de dentro. Vamos a dar importancia a las palabras y los conceptos que estamos enumerando en este escrito y veremos como la fiesta, aparte de opiniones y opciones políticas, que siempre han existido, recuperará sus valores como arte, como cultura y como espectáculo y por supuesto a un público interesado en los toros y a una afición que los revitalizará y empujará hacía arriba.

Y hablando de afición, sobre todo a los jóvenes, creo que hay que enseñarles y mostrarles cuales son los cimientos y los cánones de nuestra inigualable fiesta de los toros. Y hay que cuidar a la afición que cada vez es menor. A esa afición que lleva años dedicando parte de su presupuesto anual a ver toros y a estar ahí con un nivel de exigencia importante y velando porque esos conceptos citados no desaparezcan.

El papel del aficionado es muy importante y no hay que confundirlo con el público de toros, que aun siendo relevante hay que reconocer que, en su mayoría, nuestra fiesta de los toros sólo le resulta agradable y divertida por momentos, pero van a la plaza para pasar un buen rato, salir contando los triunfos, a veces un tanto forzados, y sin reparar en detalles. Por supuesto muy poco les preocupa el presente y el futuro de la fiesta, y  casi nada el cumplimiento de las normas esenciales y de los cánones más profundos. Al contrario que al aficionado, este público suele ser cambiante. El aficionado que de verdad siente y ama la fiesta, estará ahí toda su vida o casi toda su vida, costándole disgustos a veces y problemas familiares, sin que obtenga otra recompensa que disfrutar de los toros y del toreo, de la fiesta en fin, con ese arte y ese romanticismo taurino y litúrgico inigualable. Por eso no podemos dejar, sobre todo en las plazas importantes, que se sigan marchando tantos aficionados serios que han ido abandonando, cansados de determinados despropósitos y aburridos de lo que ven en el ruedo y que les motiva poco al repetirse tantas cosas.

Reconozcamos, por otra parte, que a los aficionados se les ignora bastante. Consciente o inconscientemente, no lo sé. Sólo a los mediáticos y a los que se mueven entre profesionales se les da cancha y reconocimiento. A los demás, a los anónimos, a los que no gustan de estar en hoteles y ambientes profesionales taurinos, se les olvida e incluso se les relega. ¿Cuántas veces se habla de esos aficionados, o les llega su opinión sobre la fiesta a las jóvenes promesas del toreo? ¿Saben estos lo que podrían aportar o lo que piensan esos aficionados anónimos que ocupan sus abonos feria tras feria, tarde tras tarde, en las principales plazas, dejando sus vidas familiares por una loca y bella afición, sin otra recompensa que el amor a la fiesta?

En definitiva creo que es muy importante la autocrítica y sería decisivo no inventar y trastocar determinados conceptos de la tauromaquia, así como recuperar todo lo auténtico, toda la verdad en los toros y en el toreo, si queremos conservar una fiesta fuerte en el futuro. Y, por supuesto, siempre sin olvidarnos de dos cosas esenciales: la base y el futuro de la fiesta que son los novilleros sin caballos y el paso tremendo e injusto, sin resolver, del novillero sin caballos al toreo con picadores, donde se producen grandes sinrazones y donde se abandonan a promesas y valores que podrían aportar algo nuevo y distinto a la fiesta, con esos conceptos enumerados a lo largo de este humilde artículo.

Feliz año y mucha suerte a todos, pero muy especialmente a todos los que empiezan, a los profesionales que los llevan y aconsejan por estos difíciles caminos, y a los que están en esa frontera, esperando decisiones ajenas y justas, para dar el salto y torear con picadores, para así renovar la fiesta y perpetuarla.

Texto/Foto: Antonio Anaya Marín