Plazas vacías, mataderos llenos: «SOS, taurinos»

Siguen llegando por las redes sociales imágenes y apuntes videográficos de toros llevados al matadero y sacrificados con la pistola de matarife.

Animales bravos hermosos, cuajados, plenos de vida que caen en la soledad de un matadero y sus canales penden de un gancho en el aire para ser descuartizados. Cinqueños, novillos, vacas, todo entra en este terrible saco que ni el de Roma ante el castillo de Sant´Angelo.

Lloran lamento inconsolable los ganaderos de bravo. Esos hombres que dedican su vida, su ilusión, su dinero y toda su alma a la protección, la cría y el cuidado del animal totémico más espectacular que ha dado la tierra.

Ahora, en estos momentos han pedido poder hacer la labor de tienta de madres para, por lo menos, paliar de alguna forma el número de reses a las que hay que alimentar, pues si tras la faena campera de la tienta, vacas que no van a ser destinadas para madres ni tampoco para correrse en pueblos y sitios al haberse eliminado las fiestas patronales por mor de la pandemia, serán llevadas al matadero indefectiblemente, reduciéndose así el número de cabezas de ganado en cada explotación agropecuaria de bravo.

Las plazas están vacías: Valladolid ha perdido ya la Feria de San Pedro Regalado; Pamplona, los sanfermines; Madrid, San Isidro y la Feria de Otoño; Sevilla cría telas de araña en sus bellísimas arcadas tras el final de su feria de abril; Valencia ni un disparo de cohete, ni un pitón por las Fallas; Santander y Bilbao, ennegreciendo si cabe aún más el oscuro albero de sus cosos… Y no digamos nada de los pueblos. Hoy el patrón del toro, San Marcos, no se muestra en las calles ni en Beas de Segura, ni Arroyo del Ojanco…en esos toros ensogados, olor de siglos y tradición popular admirable.

Las plazas tienen echados los cerrojos a cal y canto por culpa de un virus miserable, traidor, contagioso y mortal que se ha llevado a tantas y tantas buenas personas de nuestra tierra, por no haberse tomado las medidas preventivas antes de suceder esa venida del ángel exterminador y criminal que ha pasado a cuchillo a las personas y ahora implica que los animales bravos caigan también en la nada de su existencia.

Las Plazas están vacías, manteniendo una esperanza por el devenir cada vez más complicado y difícil. Ojalá, quiera Dios y el destino, que pronto vuelvan a abrirse sus portones, sus tendidos y sus vomitorios para acoger la especial vocación de un hombre que se enfrenta, para, manda y templa la embestida de un toro bravo desatando la emoción, la hermosura, la grandeza y la espectacularidad entre sus seguidores.

Es la hora de los hombres comprometidos. No se puede quedar resignado un sector, el taurino, que nunca ha dado muestras de unidad y respuesta, ante tantos ataques e inconveniencias como recibe, temporada a temporada, de quienes no creen nada más que en su ideología mentecata y furibunda. Salga el SOS más clamoroso de la historia de cada garganta, de cada torero, de cada ganadero, de cada empresario, de cada profesional y de cada cronista que pone negro sobre blanco estas andaduras del tiempo, exigiendo al menos que se le escuche.

¡¡ Ánimo !!

Escrito por Jesús López Garañeda

Foto: Pablo Alonso