- Artículo de opinión de nuestro compañero Antonio Anaya Marín
Cuando la temporada ha tomado el ritmo con importantes ferias, los novilleros sin caballos renuevan ilusiones y añoranzas, mientras los más nóveles se asoman con cierta incertidumbre y algo de nerviosismo a lo que puede ser el comienzo de una carrera artística en la tauromaquia. Han pasado esos momentos de arreglar vestidos de torear regalados, otros usados y algunos prestados, con ese brillo en los ojos de los novilleros que sólo dan la proximidad al arte de la tauromaquia, la ilusión y la esperanza en metas importantes para el futuro. Algunos están debutando de corto como becerristas en un estado importante de felicidad para ellos y preocupación para sus padres. Casi todos vienen renunciando a algunas cosas, a muchas quizás, para entregarse, en cuerpo y alma, a un gran sueño, difícil pero hermoso. Mientras los aficionados albergamos muchas esperanzas y conseguimos ver algunas cosas que ya desde el principio nos parecen que tienen calidad y verdad.
Por todo esto nos causan cierta desazón, como en cualquier otro ámbito de la vida y la sociedad, que puedan florecer determinados favoritismos y algunas «carreras» paralelas que no suelen ser lo más justo para el conjunto de chicos y chicas que se asoman a este arte inigualable y a este mundo taurómaco tan difícil y complicado. Esta bien que se pueda ayudar a los que más destaquen y se puede hacer de muchas maneras y todas buenas, pero no con recortes y atajos, que resultan de escaso sentido de la justicia, incluso para los beneficiados.
Los novilleros sin caballos, deberían vivir plenamente esa etapa, tan única y especial, participar en certámenes y ferias, no tanto compitiendo, sino mostrando sus cualidades -también sus defectos- y de alguna manera «examinándose» de un compendio de “asignaturas” todas ellas difíciles. Creo que es necesario hacer este maravilloso, diferente, y a la vez complicado recorrido, para torear con otros que podrían ser sus rivales directos en esta carrera tan única y especial de la tauromaquia.
Por otra parte y desde mi afición de tantos años, es descorazonador observar un año sí y otro también, ese “tapón” que se suele producirse en el momento del paso de novilleros sin caballos a con picadores… Ver a algunos de los chicos que podrían hacer sombra a otros novilleros y figuras, incluso, parados y sin oportunidades es, cuando menos, frustrante. No hay suficientes oportunidades para los novilleros con caballos quizás, entre otras cosas, por lo caras que resulta la organización de estas novilladas. Algo que habrá que revisar más en profundidad, así como facilitar lo de que las escuelas y federaciones puedan seguir tutelando a los novilleros en sus primeros festejos con picadores y dispongan de medios para ello.
Otra cuestión, no menos importante, es el tema de los jurados, en ferias y certámenes sin caballos. Sé que es un tema delicado, pero me parece que debería empezar a preocuparnos. Casi nunca suelen ser escogidos para esto aficionados sin más intereses que su propia afición y con conocimientos suficientes en tauromaquia y eso cuando no son profesionales taurinos que es la mayoría de las veces. Los jurados, en demasiadas ocasiones están, de alguna manera, mediatizados y pueden ser influenciables por determinadas cuestiones, algunas propias y otras externas. Es la única manera de explicar determinadas decisiones en festejos que además, bastantes, suelen ser televisados.
Todo esto habría que cuidarlo y revisarlo bien o la injusticia y una falsa renovación de escalafones nos dejará, ya lo está haciendo, unos toreros, muchos de ellos, sin apenas personalidad propia, con un toreo estandarizado, y repitiendo una y otra vez más de lo mismo… Mientras otros, que si podrían aportar valores a la fiesta, andan desmoralizados y chocando contra un muro de sinrazones e injusticias, y esto cuando llegan, si es que no abandonan antes.
En estos comienzos hay que buscar y escudriñar la personalidad y las virtudes del torero, dentro de los cánones de la tauromaquia y observando, apreciando y valorando cualidades que no sigan el estereotipo de un toreo estándar que se ha creado, dando pases y más pases, con faenas muy largas, sin más y que, queriendo o sin querer, se está haciendo con conceptos que creo erróneos y que poco aportan a la renovación y el futuro de la fiesta.
La suerte es importante, e influye, a veces, sin duda, pero una selección mucho más correcta y justa, en la base, es imprescindible. No se puede ascender al cielo del escalafón de novilleros y al de matadores, por otros intereses que no sean los de la valía y el toreo autentico. Otra cosa no me parece de recibo y menos en la situación actual de la fiesta, donde, a veces, en la mayoría de las ferias, si vemos a un torero, todos los demás son muy parecidos. También en los toros, como vengo diciendo, es necesaria la autocrítica y la reflexión. Y en un tema tan sumamente sensible como el de los novilleros sin caballos, más aún.