¡No tienen remedio!

Por mucho que se hable, negocie, comparta, explique y se lleven a efecto medidas más que lógicas y necesarias para la Fiesta de toros, siempre habrá personas que no aceptan ni asuman el reto al menos de la responsabilidad ante el respeto hacia los demás.

La noticia es que el Jefe del Estado, S.M. El Rey ha escuchado del flamante nuevo Presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, Antonio Bañuelos, la situación del sector al haber quedado relegado de las ayudas que le corresponde por estar dentro del patrimonio cultural de España, guste o no guste a quienes prefieren la borra sin lavar, el desaliño, el tócame roque y la imposición de sus ideas de una presunta sociedad buenista que no tiene de bueno nada más que el adjetivo pues su acción en muchos momentos es tiránica, dictatorial, impositiva, dominadora más que nada por la falta de reacción de quienes están en el otro lado con la misma virulencia y rechazo, al encontrarse estos adormecidos y silenciosos por un relato machaconamente repetido y asumido en su vida y actuación y resignados a ser apartados de toda vida social mientras se dediquen a la labor taurina.

Surge ahora, y a raíz de la tragedia sucedida en nuestra tierra en los últimos meses, una conciencia al menos de análisis, de razonamiento y de exposición, diáfana, clara, orgullosa, sin tapujo alguno de la actividad taurina, de unidad en la causa común, en lograr el objetivo para mantener en pie una vocación noble, costumbrista, histórica, genuina, única e irrepetible en la vida española  donde el protagonismo lo tiene el toro bravo.

Desatar el odio y la búsqueda de crispación, mediante la carencia de respeto hacia las libertades de los aficionados ha vuelto a quedar una vez más patente por antitaurinos.

Esta vez ha sido la reunión de Su Majestad El Rey con el presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, lo que ha servido como excusa para atacar al toreo y al propio Felipe VI. No sirve de nada en absoluto que esté demostrado que la Tauromaquia es y sea Cultura, además de formar parte fundamental del tejido rural de este país, con una aportación más que destacada a la economía del resto. Todo lo rechazan con el insulto, la descalificación, la violencia y, lo que es peor, con el odio al semejante conculcando su libertad. Esta sociedad, tal y como actúan algunos de sus miembros, no tiene remedio.

Escrito por Jesús López Garañeda 

Foto: Estela de Castro