Madrid y su Catedral del Toreo defienden la Tauromaquia con dignidad y fe

Sin estructura formal ni presupuesto, desde abajo hacia arriba, trabajando de forma anónima y desinteresada para que todos los aficionados y profesionales la sientan como suya; surgida de forma espontánea a través de las redes y en un tiempo récord, la plataforma También Somos Cultura ha logrado movilizar a más de 30 ciudades y sacar a la calle por el momento a casi 60.000 personas.

Un hecho sin precedentes en el mundo taurino, que reacciona unido ante los brutales ataques al sector y hace visible la inmensa masa social que engloba la Tauromaquia y todas sus expresiones en la plaza y en la calle.

Este es el párrafo que condensa una situación y un hecho que ha clamado por su reivindicación y que ha abierto la puerta grande de la catedral del toreo, las Ventas de Madrid, por el que un grupo de personas han sido capaces de poner en marcha unas estructuras paradas, en vida latente, ante tantos ataques, desprecios y desconsideraciones marginales como han venido sufriendo en los últimos años.

El mundo del toro español se ha plantado seriamente frente a quienes lo ningunean y atacan y posiblemente venda su piel de forma mucho más comprometida y activa.

Hemos seguido a través de las redes sociales la retransmisión en directo de este acontecimiento singular que ha sido capaz de poner encima de la mesa un anhelo de mucho tiempo en defensa de la grandeza, singularidad e historia cultural de la  fiesta de toros en España en tantas ciudades españolas.

Madrid ha escuchado las intervenciones, entre ellas la de Miguel Abellán, David Casas o la de Carlos Ruiz Villasuso, con palabras plenas de intención, orgullo, reivindicación y ánimo a cuantos dedican su vida al toro de lidia, ya sea en la calle, en el campo o en la plaza.

Y a las personas silenciosas de «También somos cultura», representadas especialmente en una zamorana de pro, Ana Pedrero, que ha revuelto el saco de los ratones con su varita mágica y ha sido capaz, como hada madrina, de despertar muchas conciencias adormiladas.

Escrito por Jesús López Garañeda 

Foto: Luis Sánchez