La lista negra de ganaderías en Madrid es un atentado atroz a la Fiesta

No solemos prodigarnos en este medio de comunicación al menos demasiado en comentar actuaciones de otros estamentos u organizaciones que, de cara a plantar una pica en Flandes en esto de la Fiesta de toros creen ayudarla a que recupere su espectacularidad, su viveza, su esencia, su grandeza y su alma. Especialmente de aquellas organizaciones cuando se fijan en listas negras y listas blancas lo que quieren y lo que no desean ver en la plaza a la que asisten.


Me parece, con el corazón dolorido aún, que hacer públicas esas listas perjudican y mucho a tantas y tantas personas como tienen a su cargo la cría de toros de lidia, tanto o más que las algaradas antitaurinas en tarde de toros. Tal vez porque nos hayamos acostumbrado ya a las voces, insultos, injurias y escupitajos que echan un grupo de personas, en manada y con el anonimato garantizado, sobre los aficionados a los toros.Un aficionado a los toros es lógico que no sea condescendiente con una temporada, un momento determinado, una actitud mostrada en público, en que la parte fundamental de la lidia, los toros, no han embestido, se han caído, han manseado, rehuído la pelea… En fin, que los toros han sido malos de solemnidad. Pero hacer pública una lista de ganaderías que van y vienen por las explotaciones agropecuarias , donde hay años mejores y años peores por múltiples circunstancias, es un error como la catedral de Burgos, además de una pataleta y engañifa, pese a que unos se froten las manos, si no están en la lista, y los otros se den de coscorrones si aparecen marcados con la estrella del rechazo.Eso de marcar se les daba muy bien a los nazis con los judíos, colocándoles en sus negocios y en sus abrigos una estrella amarilla para que todos supieran de su actividad, los rechazaran y los llegaran a odiar hasta el punto terrible que nos ha mostrado la historia.Ese hecho de publicar y difundir las listas negras de las ganaderías españolas de bravo debería hacer meditar a quienes lo promueven pues como aficionados, si saben tanto, cuando se anuncie en el cartel una ganadería que no es de su agrado, con no asistir a la plaza es más que suficiente, pero no obliguen a quien queremos seguir viendo esos productos ganaderos a prohibírselo. Y si no, háganse empresarios, ganaderos o toreros y den los toros que ellos deseen a ver si mercantil y comercialmente les es rentable.

En este mundo del toro, por ser el que vamos conociendo y aprendiendo de él, hay mucha quimera todavía, y más profetas de la cuenta que orientan a los demás en sus apetencias e inclinaciones, cuando la Fiesta contiene en sí misma lo más personal y único del mundo. De manera que marcar como negativas ciertas ganaderías de bravo por haber tenido mala temporada en la plaza de Madrid es una decisión de lo más antitaurina que he conocido, dicho sea con todo el respeto del mundo.

Escrito: Jesús López Garañeda

Foto: Andrew Moore