La importancia, en la Fiesta, de los Novilleros sin Picadores.

Desde siempre he pensado que los chicos que entran a una escuela taurina y que pronto se transformarán en verdaderos toreros, aunque sea lidiando con erales y mediante novilladas sin picadores, son personas de una especial sensibilidad con las que, como tales, hay que extremar sus
cuidados y su aprendizaje respecto a los toros.

Y esto no supone blandenguerías ni cosas parecidas, es otra cosa; lo cierto es que entran en el mundo del toro en edades muy complicadas,  en la infancia o en la adolescencia y en todo caso siguen durante unos años en esa fase adolescente, tan difícil para cualquier persona. Ellos llevan una “carga” especial.

Hay dos crecimientos a la vez: como personas y como toreros.

Una primera juventud en la que viven rodeados de capotes, de muletas y de los novillos que torean, además, claro está, de profesores, y personal de la escuela, a la que llegan con pasión por un arte tan difícil y tan especial y único como es el toreo. Algo que no tiene parangón. Van a sufrir y pasar en la escuela, importantes cambios físicos y psicológicos, que por momentos les pueden hacer frágiles, del mismo modo que ocurre en los colegios y escuelas de enseñanza; ellos los tendrán doblemente y en ambos lugares. Esos serán los años más difíciles de su vida y además viendo al toro y al mundo que le rodea muy de cerca, desde dentro mismo del núcleo taurino. No todos ellos o ellas, son ni serán iguales, ni todos tienen el mismo carácter o la misma situación en sus casas o en sus familias. Esas circunstancias y variables influirán, de una manera o de otra, para bien o para no tan bien.

De ahí la trascendencia de aquello que se haga con estos chicos y chicas.  De ahí el cuidado y el tacto en su trato y en sus enseñanza taurinas.  Ellos son, serán, el futuro de nuestra fiesta de los toros. Serán tan importantes, lo empiezan a ser ya, que ellos y nadie más que ellos marcarán el futuro y la permanencia de la fiesta en nuestra sociedad y en nuestras vidas. Sin ellas y ellos la fiesta moriría.

Cuando salimos  defraudados, a veces, de una corrida de toros con figuras y ganaderías de primera, esos novilleros sin caballos, esos aspirantes a figuras del toreo, son o serán nuestra esperanza. En la vida de muchos buenos aficionados lo han sido muchas veces, cuando hemos visto a toreros de cierto renombre que se convierten en algo que no siempre es lo deseado, desprendiendo escasa afición y pocas ganar de transmitir la emoción y el arte que el toreo debe conllevar siempre, hemos mirado a los que están llegando. Un buen aficionado no habla sólo de las figuras y siempre se fijará y serán materia de conversación todos aquellos jóvenes, adolescentes en muchos casos, que vienen detrás debutando o iniciando su carrera como novilleros sin picadores.

La observación y el toreo de estos alumnos de las escuelas, novilleros, es apasionante. Sus enormes cambios, sus estancamientos, sus, en ocasiones, aparentes retrocesos, sus grandes avances, pero sobre todo su frescura; no todos tienen el mismo ritmo de aprendizaje, ni asimilan los conceptos básicos y los cánones del toreo de la misma manera. Debemos siempre recordar que tienen, y así debe ser, su propia personalidad. No deberían copiar, más que lo justo y necesario; sus referencias y sus espejos deben ser más un ejemplo de algo auténtico, que no una copia, que siempre será peor que el original de los grandes toreros de la historia.

Es muy importante el respeto a lo que representan y al valor en sí mismos que muchos de ellos atesoran, tanto desde los aficionados, como desde su entorno, del taurinismo oficial o profesional, también la familia influye, y así lo creo humildemente; por supuesto nunca habría que inmiscuirlos e implicarlos en posibles conflictos que en toda actividad  y también en la taurina puede haber y de hecho se dan.  Su mente, aparte de su vida privada, debe estar, ante todo, dedicada a su aprendizaje y sólo para dibujar en el ruedo toda esa obra maestra de la que empiezan a dejarnos trazos importantes. Ellos y ellas, deben estar al margen de esas interioridades, cuidados y corregidos por sus profesores, que para eso los tienen, eligiendo bien quien está a su alrededor. Estos, chicos y chicas, deben saber del toro, y en esas edades, del arte del toreo, especialmente. Cualquier cosa negativa puede influir en su rendimiento, en su desarrollo, en su futuro y en su vida, tanto en la privada como en la de torero.

Por eso hay que hablarles con la seriedad que los toros y ese mundo deben tener, pero con la profesionalidad y el rigor que solo los que están al frente o como profesores de las escuelas  poseen o se supone que deben poseer. En ellos, en sus manos, en las de las escuelas, de ahí su vital importancia, pero también en la de los empresarios, profesionales taurinos, aficionados y los medios audiovisuales, sobre todo las televisiones, está también el futuro y la permanencia de la fiesta de los toros. Por eso la responsabilidad de los distintos estamentos taurinos es muy importante cuando hablamos, criticamos y juzgamos a los novilleros sin picadores. Sin ellos nada seremos en los próximos años. Y las figuras de mañana serán algunos de los novilleros sin picadores de hoy; no lo olvidemos. Los hay que torean incluso mejor, cuando lo son, con esa frescura y esa pureza innata, sin nada, todavía, que los enturbie.

Por eso hay que evitar cualquier contaminación que pueda ser perjudicial. Un paso crucial es cuando tienen que debutar como novilleros con picadores, una vez hecha su carrera sin caballos. Ahí hay que esforzarse para que ese paso pueda darse y no sea traumático; para eso las empresas y también algunos entes públicos deberían cuidar esos momentos que no siendo especialmente difíciles para ellos, como toreros, si puede suponer un parón injusto, muy peligroso y duro para quienes han venido destacando sin picadores. La pandemia se lo ha puesto muy difícil a algunos que estaban en esa situación y eso habría que corregirlo y solucionarlo. No podemos perder casi una promoción entera. Hay quienes lo pueden solucionar y deberían hacerlo. Solo es cuestión de estudiar las soluciones y demostrar ese amor a la fiesta del que tanto nos gusta presumir.
Termino diciendo e insistiendo en que siempre hemos de agradecer la labor de las escuelas y de su profesorado, con todas sus virtudes y algunos defectos, puesto que al frente de esas instituciones, además de toreros y aficionados, hay seres humanos, pero no me cansaré de insistir, por tanto, en la importancia de volcarse con generosidad y altura de miras, e invertir en nuestros novilleros que empiezan, desde las instituciones públicas autonómicas y locales sobre todo, hasta el último rincón de la tauromaquia. Ellos y ellas son lo más valioso que tenemos: nada más y nada menos que el futuro y la supervivencia de nuestra fiesta.

(Agradecido, como aficionado de a pié, a nuestro Ayuntamiento de Castellar (Jaén), con el Equipo de gobierno y su alcalde al frente, Pedro García, que apuestan por ese futuro e invierten en la base y el pilar fundamental de nuestra fiesta, a través de ese Certamen que en solo dos ediciones ya es conocido e importante; lo organizan con ilusión, renovándose, con ganas de mejorar cada día y cada año y con un ímpetu, una fuerza y una afición que ya quisiéramos tener algunos de los que nos llamamos aficionados. Para mí todo un ejemplo de valentía y de defensa de la fiesta desde una institución municipal.)

Texto: Antonio Anaya Marín