La heroicidad de un Novillero

  • «Artículo de Opinión» de nuestro compañero Antonio Cepedello

Torear con la mano derecha fracturada, tras recibir un fuerte revolcón nada más comenzar su faena, y ser capaz de acabarla, con una serie de naturales de ‘cartel’, y también de dar muerte al novillo de la ganadería de ‘Toros del Picón’ es una heroicidad que ha pasado casi desapercibida en los festejos del ‘Carnaval del Toro’, de Ciudad Rodrigo, pero que tiene una importancia y significado tremendos tanto para el futuro de este novillero sin caballos, el jiennense Alfonso Morales, como para sus compañeros en general.

No es normal ni mucho menos que un crío, con sólo 16 años de edad, se sobreponga a una lesión tan invalidante para torear, tras sufrir el golpe de un animal con la fuerza de un camión, al que además después logró dominar con su muleta. Y si eso no era suficiente, cogió la espada con la mano lesionada y fue capaz de tumbar a este eral, que tenía tanto sentido como peligro, porque desde que saltó al ruedo estuvo más pendiente de todo menos de embestir a los trastos del diestro y sus subalternos.

Es una gesta sólo posible gracias al pundonor, entrega y sacrificio asumidos por los alumnos en las Escuelas Taurinas, entre los numerosos valores inculcados en su aprendizaje de toreros, aunque además muchos de ellos los llevan ya en sus genes, como es el caso de este novillero jiennense.

Actitudes de este tipo descubren más las cualidades de cualquier chaval para ser torero que cortar todas las orejas o rabos del mundo, cuando las condiciones de los novillos y la benevolencia habitual del público facilitan lograr estos trofeos. Y es que superar la adversidad, por muy dura que sea, es más distintivo de los héroes que aprovecharse de los golpes de suerte.

No le importó a Alfonso Morales que su mano derecha se le hinchara con un bulto más grande que una pelota de tenis, lo que a cualquier joven de su edad le habría amilanado y alarmado hasta incluso desmayarse, para seguir delante de un animal con dos pitones, más de 300 kilos de peso, una fuerza inmensa y una condición mansa y peligrosa que le hacía buscar más el cuerpo del novillero que su capote o muleta.

Ahí estuvo sin inmutarse, en la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo, este alumno de la Escuela Cultural-Taurina de Jaén, al que no premiaron con ninguna oreja, aunque sí hizo méritos más que suficientes para recibir todos los elogios y honores de los aficionados taurinos, porque demostró que no sólo sueña con ser torero, sino que ya también es capaz de superar el miedo y el dolor necesarios para ello.

¡¡¡Enhorabuena, Alfonso Morales!!!