Ganaderos de bravo, ¡¡ Sálvese quien pueda !!

Siguen los lamentos, ayes y gritos de las gentes del toro de lidia, pese a lo cual las demandas caen en el olvido y en saco roto para ellas mismas pues no son bien vistas por los responsables políticos, en una injusticia total, soberbia y destructora que, si existe la justicia divina, caerá sobre las cabezas de quienes lo están alentando, al promoverse un arruinamiento total y absoluto para una actividad creíble, rural, digna y señera de familias y personas que dedicaron su vida, su trabajo y su esfuerzo a poner en valor esta acción.

Siguen llevándose reses, vacas y toros, al matadero por camiones, de cincuenta en cincuenta, como los torneos antiguos, de cien en cien y no digo de mil en mil por poco. Por cierto, animales por los que pagan sobre un euro por kilo canal.

Ahora llegan los saneamientos ganaderos con las batas verdes veterinarias paseando y trasteando de un lado a otro a los animales bravos, con la dificultad que su manejo encierra, y los daños que tal y como ahora mismo está planteado ese servicio obligatorio, supone el ahondamiento del estoque mortal para algunas, bastantes, muchas, explotaciones ganaderas.

Ha llegado la pandemia terrible con la desaparición casi total de fiestas y festejos en pueblos y ciudades, año en blanco, y buscando la salida, ganaderías de prestigio y renombre están facilitando «taurinas» en sus instalaciones para cortadores, aficionados prácticos y aprendices de torero en detrimento de aquellas explotaciones pequeñas que tenían un medio de vida y sustento en este tipo de actividad para organizaciones, peñas y grupos, moviendo el ganado, comprando, vendiendo y trabajando y así, mal que bien, ir tirando en el día a día. Resulta que ahora explotaciones ganaderas de importancia abren sus puertas a ese tipo de recursos, al no haber otra cosa que llevarse a la cuenta corriente y con el ánimo de mantener una estructura que se tambalea como un castillo de naipes al aire libre. Esto más parece competencia desleal hacia sus compañeros «pobres» y pequeños, quitándoles el chusco de pan con el que solían mantener su actividad.

Los ganaderos son la piedra fundamental en la actividad taurina. Con el tiempo han sido relegados al último palo, desde donde ven con resignación y lamento el final de su ilusión en la complicada orden de la Tauromaquia. Por todos los sitios, comenzando por las distintas asociaciones ganaderas, cuando deberían estar integrados todos ellos en una sola, para tener una sola voz, una sola decisión, un solo objetivo en su actividad rural mercantil de pasión y orgullo, hasta la falta total de solidaridad cuando se trata de contar las pocas monedas de cambio que a cada uno corresponde por su trabajo.

Ganaderos grandes haciendo competencia a los pequeños. Por tanto estos son los primeros en caer. Así lo estamos viendo. Hoy sin ir más lejos, un conocido que fue alumno mío y que tiene instalaciones de corredero y plaza de tientas, envía 40 de sus vacas madres al matadero y mañana las otras 40, desprendiéndose de casi todas las reses bravas con que contaba al resultarle imposible de todo punto ni darles de comer. Y encima aguantando la competencia de sus compañeros que cuentan con mejores instalaciones, renombre y fama por lo que la atracción para contratar el servicio de «taurina» siempre es mejor por variedad, número y adecuación.

Lágrimas de dolor y en silencio recorren su faz recortada por el sol, golpeada por el avatar de cada día y ven imposible ya ni seguir en su actividad pues ha sonado el grito de «¡Sálvese quien pueda!». La ruina ha llegado a sus casas y si eso no lo ven quienes tienen que verlo, la debacle es mucho más grande que lo esperado.

Escrito por Jesús López Garañeda