Félix Merino, torero de Valladolid, grandeza y recuerdo de aquello que se fue

“El valiente matador llamado Félix Merino, a Tordesillas vendrá a torear por lo fino. Olés y palmas escuchará y la gente entusiasmada voceando le dirá: Ahí está lo juncal”…

Así arranca una canción compuesta en 1915, a raíz de la comparecencia en la Plaza de la Villa durante las fiestas de la Peña para torear las novilladas de feria y que recoge el “Boceto lírico dramático de costumbres tordesillanas” titulado “La Perla de Tordesillas”, compuesta por Manuel Cantalapiedra Bayón, con música de Fructuoso Barredo. La copla continúa: “Con destreza matará ocho toritos todos bravos muy castizos… Al toro vega pondrá con maestría y salero de manera colosal las banderillas de fuego. Merino se ganará gran ovación la oreja y vuelta al ruedo. Será vitoreado con estas frases: “¡Eso es arte y ser torero!”. Luego todos los mozos con entusiasmo y cariño le sacaremos en hombros y en fin, que será el delirio”.

Tras su presentación como novillero con picadores en la plaza de Valladolid, donde debutó, lidiando novillos tordesillanos de Tertulino Fernández junto a Habanero, toreó con gran éxito en Tordesillas ese mismo año de 1914, saliendo a hombros y llevado así hasta la fonda, entre aclamaciones, aplausos y felicitaciones de la concurrencia. De aquel momento inolvidable, el dibujante José Ramón Muelas ha pintado una acuarela en la que a Félix Merino lo llevan en volandas los agradecidos aficionados tordesillanos.

Félix Merino Obanos había nacido en Valladolid el 25 de febrero de 1895, hijo de un industrial vallisoletano, se presentó en Madrid en una novillada nocturna celebrada el 31 de agosto de 1916. Época de brillantez y esperanza con cosecha de éxitos que lo catapultó como una promesa del toreo.

Novillero de gran fama y aprecio. Tanta que el 16 de septiembre de 1917 tomó la alternativa en Madrid, con toros de Pérez Tabernero, siendo su padrino Joselito “El Gallo” y su testigo Juan Belmonte : los dos más grandes toreros de la historia que refrendaron con su presencia la grandiosa promesa que era Félix Merino. Pero aquella tarde cosechó su primer fracaso, estrepitoso y en consecuencia la desilusión cayó como una manta cobertera sobre su persona.

Su última tarde fue en Úbeda a donde llegó para lidiar unos novillos de Palha el día de San Francisco de 1927. Félix Merino abría un cartel en que también figuraban Pepe Iglesias y Sanluqueño, sustituto de Cantimplas. Los novillos, grandes y bien armados habían llegado a los corrales la madrugada del 2 de octubre. Luego, en la plaza, fueron peligrosos. Dicen las crónicas de la época que la tarde fue “de susto, cogidas, carreras, y pánico al por mayor.”

Comenzó la tragedia en el tercio de varas –aún no llevaban peto los caballos–. El primer novillo derriba al caballo y propina una cornada en la ingle al picador Rafael Trajero. Acto seguido, coge a Félix Merino por la parte media del muslo derecho. La cogida es gravísima: El pitón atraviesa el muslo de parte a parte. Lo llevan a la enfermería urgentemente donde es operado y acto seguido trasladado al Hospital de Santiago. Ante la gravedad, al anochecer, lo trasladan al Hospital de Toreros de Madrid en  trágico viaje por aquellas carreteras de entonces.  Y allí, en Madrid, moriría Félix Merino el día 8 de octubre de 1927, al amanecer. Fue enterrado en Valladolid.

Texto: Jesús López Garañeda

Dibujo: José Ramón Muelas