- Hay tardes en las que el ruedo reserva su luz para quienes acostumbran a vivir en la sombra. No siempre el oro de la gloria cae sobre el traje más brillante ni sobre el nombre que encabeza el cartel. A veces, la plaza entera descubre que también los toreros de plata pueden levantar una faena digna de memoria
Eso es lo que ocurrió el pasado 15 de agosto en la plaza de toros de El Casar de Escalona. Un torero de plata con la verdad del oro decía adiós donde los sueños comenzaron hace 40 años, en su pueblo de forma digna, silenciosa y profesional, lo que ha caracterizado toda su carrera y todo ello gracias a la sensibilidad de una empresa Tierra Castilla a cuyo frente está Tito Flores y su mujer Mónica, que han sabido reconocer su trayectoria y tuvo el acierto de dar la oportunidad del adiós, la cual se materializo con la entrega de una placa conmemorativa al finalizar el festejo.
Con la plaza llena hasta la bandera, se lidiaron 4 erales de la reconocida ganadería de Dña. Sagrario Huertas, los santa colomeños toledano que estuvieron bien presentados no defraudaron en su juego e hicieron honor a su sangre que mostraron genio, bravura y nobleza cuando había unas manos con firmeza que muestren sus condiciones continuando así una regularidad envidiable.
Canales Rivera recibió a la verónica al primer cárdeno que mostro genio quizá un punto bruto con el que consiguió en algunos momentos de la faena acoplarse, pero sin llegar confiarse de las bondades del eral. Fue aplaudido al finalizar su faena.
Miguel Losana recibió con ambición y gusto al segundo cárdeno que mostro nobleza y ritmo. Con la muleta hubo pasajes de calidad sobre todo con la mano derecha cuando consiguió ligar tres derechazos da trazo bajoy relajado que el eral siguió hasta arrastrar el morro en la arena. Se atasco con los aceros y fue premiado
con una ovación.
Jaime Padilla, la nueva esperanza de una dinastía tan torera, recibió al tercer eral, el mas serio del encierro y bizco del pitón derecho, con una larga cambiada de la que salió trastabillado ya que el eral se volvía con viveza y exigencia, algo de desconcierto causo en banderillas ya que a mi entender era novillo era merecedor de un picotazo para templar las ambiciosas embestidas del cárdeno toledano. Con la muleta se mostró algo desconfiado en los comienzos ante la exigencia de su oponente, algo que normal en un novillero tan nuevo, que supo suplir con valentía y arrojo, siguió los consejos de su padre y su tío desde la barrera y remato con unas ajustadas manoletinas, un pinchazo precedió a la estocada lo que le valieron las dos orejas.
Así la tarde llego a su momento mas emotivo, el turno de Luis Miguel Collado, carrera de oro para un torero de plata. El final donde sus sueños de torero comenzaron. Salió el cuarto cárdeno, fino, elegante, con la galanura , garbo y majestuosidad que desprende santa coloma cada vez que pisa un ruedo, con esa mirada desafiante que muestra la verdad del toro bravo. Así recibió Luis Miguel Collado a su novillo, con gallardía, verdad y sentimiento, bastaron dos verónicas y dos medias para soltar nervios sabedores de que el tiempo de los miedos y la verdad se consume. Aquel torero de plata vestido de oro no buscó el aplauso fácil. Con el capote firme y la mirada limpia. No hubo alarde, sino verdad; no hubo gesto grandilocuente, sino una precisión antigua, nacida de muchas tardes de aprendizaje y de demasiados sustos callados. Alberto López “El niño del barrio“ mostró con el capote con distinción y gracia las magníficas cualidades del de Ventas de San Julián, llevando largo, templado y con mando como hacen los buenos banderilleros, enseñando a su matador la enormes posibilidades del cárdeno toledano. Brindó a su padre D. Emilio Collado Rico, que presencio desde un placo de honor en el tendido más alto. Y el cielo dejo de llorar para disfrutar de su última faena, la faena que recordaremos y seguro estoy que D. Emilio se fue muy orgulloso de tener
un hijo torero. Comenzó la faena por alto comprobando que el eral era el ideal para una despedida. Siguió así con varias tandas por el pitón derecho de trazo limpio y puro, pero sus mejores cotas las alcanzo con la mano de la verdad, con la izquierda en la que hubo momentos con las que consiguió profundidad, sentimiento y templanza,
naturales de puerta grande que nada tienen que envidiar a los que vemos en las primeras plazas. Dos pinchazos con el acero precedieron a la definitiva estocada. Fueron concedidas las dos orejas del magnífico ejemplar de Dña. Sagrario Huertas.
Salió en hombros aupado por los compañeros de escuela y compañeros en 40 años de verdad.
Fue, en efecto, una faena de oro para un torero de plata: una de esas tardes que no siempre ocupan las portadas, pero que quedan guardadas en la memoria de la afición. Porque el toreo también se escribe con nombres discretos, con manos auxiliares y corazones principales; y porque, a veces, basta una tarde de verdad para que la plata reluzca como oro puro.
Así, D. Emilio pudo abandonar su palco de honor y disfrutar para la eternidad la gloria alcanzada por su hijo Luis Miguel Collado que no es otra que la admiración, respeto y reconocimiento de sus compañeros y aficionados.
Información/Fotos: Uno del Seis