Estampas ganaderas de sufrimiento para la esperanza

Pasó el temporal ese que, con nombre de mujer, ha dejado recuerdo en casi todas las explotaciones ganaderas excepto en donde están los toros del sol y hemos podido contemplar momentos realmente extraordinarios por parte de quienes están al marro y al cuidado todos los días de sus vacadas para poder darles de comer y beber.

Para ilustrar este comentario colocamos tres fotos logradas en ganaderías cercanas, una en Raso de Portillo en Boecillo, el sitio de la familia Gamazo que tanto aportó en el pasado y tanto representa en el presente para orgullo de la tierra de Valladolid. Las otras dos en Zamora.

Los toros que Íñigo Gamazo Manglano puso en el escaparate de la bravura singular, dura, fuerte, noble y emocionante con pasión y entrega hasta su muerte y que ahora tratan de continuar sus hijos Mauricio e Íñigo junto al resto fundamental del equipo humano donde el mayoral Rafa Agudo y su familia tanto han puesto en los campos salitrosos y humedales del Raso, de ejemplo y salvaguarda de una casta merecedora de mayor atención, los toros, digo, asoman sus caras y sus defensas desde los hoyos de querencia, tapados por la nieve, con el pelo de invierno protector de sus carnes duras y musculadas. Ventean el aire frío y reburdean con fuerza para orientar al resto de sus congéneres de manada, de torada.

Los otros retratos son de nuestro entrañable Encinas, propietario de Santa María de los Caballeros, recogiendo en el sotechado los becerros y novillos de su explotación en la vaguada de los prados de la Guareña, acogidos para pasar mejor todos juntos, unidos, cuerpo con cuerpo, el frío. Y eso que andan mal por estos tiempos de zozobra e incertidumbre y Juan Carlos Encinas puede echar la firma del finiquito a esta extraordinaria explotación ganadera, al menos en el lugar en que se encuentra, con la terminación del alquiler y nueva subasta de los pastos comunales de Fuentelapeña.

Quiero enviarles todo el apoyo a ambos y con ellos a todos esos ganaderos de bravo que luchan con pasión, gastándose sus cuartos, sus recursos económicos y saliendo a riesgo y ventura en detrimento de sus propias casas, poniendo su vida al servicio de una explotación ganadera de bravo.

A los hermanos Boyano de Paz en Zamora; a Simón Caminero en Palencia; a Fernando «Valdellán» en León; a todos los ganaderos, chicos y grandes, de la querida Salamanca; a Gamazo en Valladolid; a Quintanar en Segovia; al Ontanal en Soria; Los Lastrones en Ávila o a Bañuelos en Burgos;  a todos ellos y a cuantos quedan en el tintero, ánimo y fuerza, agradecimiento y aplauso porque lo intentan, lo hacen, lo logran y lo van a conseguir.

Todos ellos viven para su ganado y con la nieve y la soga asfixiante económica al cuello tratan de respirar y salvar algo irrepetible para la vida de España y de los españoles. Nunca se lo agradeceremos bastante.

Texto: Jesús López Garañeda

Fotos: Íñigo Gamazo y Carlos Encinas