Esperanza de novilleros en Valladolid por San Pedro Regalado

  • La Escuela de Salamanca trajo a Noel García y a Diego Ortega. La de Palencia a Eduardo Rodríguez y a Guillermo Herrero y la de Segovia a Jorge Oliva y Jaime Hermosa

Extraordinaria la novillada en la modalidad de clase práctica para alumnos de las escuelas taurinas de Salamanca, Palencia y Segovia ofrecida por la empresa TAUROEMOCIÓN en el Coso del paseo de Zorrilla y con motivo de la festividad de San Pedro Regalado, patrón de los toreros y de Valladolid. Lleno en los tendidos y en las gradas bajas y altas para contemplar las evoluciones en esta profesión de los noveles, los nuevos toreros que quieren serlo  y para eso se preparan.

La profusión de gente joven en los tendidos fue la nota más destacada de la tarde en la que seis muchachos, bisoños todos ellos, pero plenos de afición y deseo, trenzaron un paseíllo al llegar las seis y media en punto de la tarde, acompañados de su cuadrilla de banderilleros que cumplió a la perfección su cometido.

La Escuela de Salamanca trajo a Noel García y a Diego Ortega. La de Palencia a Eduardo Rodríguez y a Guillermo Herrero y la de Segovia a Jorge Oliva y Jaime Hermosa.

Las reses lidiadas eran erales pertenecientes a la ganadería de El Collado que resultaron bravos y nobles, aplaudidos varios de ellos en el arrastre y que dieron extraordinario juego en todos los momentos de la lidia.

Abrió plaza “melonero” un toro castaño cuajado, al que Eduardo Rodríguez el novillero de Palencia recibió con el capote y al que banderilleó con soltura, gracia y precisión colocando tres pares de rehiletes en todo lo alto por lo que fue ovacionado con fuerza por el respetable. Brindó su faena al Consejero Gonzalo Santonja, apoyo extraordinario para este festejo y tras despachar al burel con una estocada contraria recibió una oreja.

Noel García, de la Escuela salmantina lidió a “osado” otro extraordinario novillo de El Collado, repetidor, alegre, bravo y encastado, brindándoselo a Carlos Zúñiga. Recibió al ejemplar de rodillas en su principio de faena y luego estuvo muy firme y sentido con ambas manos ante el gran novillo de El Collado. Con pinchazo y estocada trasera y tendida  fue premiado con la vuelta al ruedo y la gran ovación del público.

Jorge Oliva, de Segovia, brindó el suyo al público tras banderillearlo él mismo, aliviando así la brega de los subalternos. Aunque el novillo cabeceaba al final del muletazo, logró el segoviano hacerle entrar con cierto temple a la muleta. Recibió un aviso al alargar la faena demasiado y con un volapié bien ejecutado, consiguió una estocada entera recibiendo una oreja del placo.

Guillermo Herrero, de Palencia recibió a portagayola al “aguerrido” corrido en cuarto lugar. El torero palentino  Carlos Doyague animaba desde el callejón diciéndole  al novillero: “ Espera que meta la gaita” al comenzar la faena de muleta. Una estocada defectuosa de las chalequeras y una entera delanterita despenó al animal recibiendo una oreja.

Ante el 5º, por aquello de no hay quinto malo, y además se llamaba “glorioso” Diego Ortega brindó el novillo a su hermano, enjaretándole dos buenas series con la mano derecha. La faena fue de más a menos a medida que transcurría el tiempo, alargándola además innecesariamente lo que apagó un tanto la expectativa y el brillante comienzo. Una oreja fue el premio a su labor.

Y cerró festejo este de San Pedro Regalado, Jaime Hermosa, el segoviano que había traído un numeroso grupo de acompañantes pues le jalearon en todo momento en su trasteo. Se fue al centro del platillo para brindar al cielo la muerte de este ejemplar de El Collado, el único de pelo negro de los lidiados hoy, bravo y con movilidad. Jaime estuvo con ganas pero algo apurado con los aceros, llegó a recibir un tarantantán al intentar entrar con la espada. Sobrepuesto de la paliza y aliviado con el agua milagrosa y la ovación cariñosa del público, ajustició al novillo como buenamente pudo,  mermado de facultades.

En resumen una novillada muy entretenida que se alargó demasiado en el tiempo, llegando casi a las tres horas de reloj, tiempo más que excesivo para cualquiera de los festejos de toros, que estuvo amenizada por la Banda de Música de Íscar que interpretó el Himno Nacional de España antes de romperse el paseíllo.

Crónica: Jesús López Garañeda (Afición Taurina de Valladolid)

Foto: José Fermín Rodríguez