- Artículo de opinión de nuestro compañero Antonio Cepedello
No merece la pena desvelar su identidad, porque todos en el mundo taurino les conocemos a la mayoría, por lo que es absurdo darles más publicidad. Son personajes tan detestables que no voy a manchar este torpe y humilde artículo de opinión con sus nombres. Es repugnante, asqueroso, y no sé qué más calificativos peyorativos y negativos añadir, el cobrarle por torear y jugarse la vida a un crío que sueña con ser torero y lucha con todas sus fuerzas, cualidades, capacidades, medios, recursos e ilusiones por conseguirlo. Engañan también a los padres, al resto de familiares ilusos y a los ignorantes o interesados ‘ponedores’ de los novilleros, que aportan este asqueroso dinero, manchado con la mayor falta de dignidad, ética y vergüenza que existe y pueda existir jamás. Son inhumanos.
Uno de estos atracos recientes se produjo hace muy poco en una localidad andaluza, pero no voy a dar tampoco pistas ni indicios de ningún tipo al respecto, porque tampoco merece la pena. Todos sabemos dónde, cuándo, cómo y quiénes fueron los delincuentes y víctimas de este atropello a la dignidad de la Tauromaquia, que vuelve a cometerse ante la vista y el consentimiento de otros muchos, incluidos políticos y gobernantes, que están para defendernos e intentar evitar estas barbaridades, pero en estos casos no lo hacen, por miedo, interés o quién sabe por qué. Qué más da. Son encubridores de delincuentes.
No es justo tampoco nombrar sólo a algunos de estos mafiosos, porque algunos se quedarían fuera de esta lista de búsqueda y captura de delincuentes extorsionadores, abusadores e intimidadores de inocentes o no tan inocentes víctimas. Tienen nombres y apellidos, y hasta se creen e intentan hacernos creer que actúan bien y que lo hacen para ayudar a los aspirantes a matadores. «Es que una novillada vale muchos dineros y las taquillas son bajas, por lo que, como empresarios que somos, no podemos perder dinero», comentan tan frescos y campantes. Entonces, reconocen que sólo organizan festejos para ganar dinero, sin correr el riesgo de perderlo. Y luego van de defensores de nuestro actual sistema socioeconómico liberal-capitalista, que propugna todo lo contrario. Menuda banda de falsos gestores que están hechos. Son innombrables.
Llevan ya muchísimo tiempo incrustados como parásitos de la Tauromaquia, pero no somos capaces de echarles a latigazos del sagrado templo de nuestro arte milenario universal, el más bonito de la historia de la Humanidad, que estos indeseables no han sido capaces de hundir, aunque interés no les ha faltado por hacerlo. Atentan contra todos los principios y valores de nuestro rito legendario, con el único objetivo de llenarse los bolsillos, sin límites ni escrúpulos. Todos estos impresentables no se cortan tampoco en mostrar las riquezas, propiedades y nivel económico adquiridos con este sangrante botín de huraños negociantes y empresarios fraudulentos. Fariseos que hasta van de aficionados o apoderados ‘ejemplares’ e incluso de ‘salvapatrias’ del toreo. Y en realidad son antitaurinos.
No pasa temporada, mes, semana e incluso días, que no nos enteremos de que estos vomitivos mindundi han extorsionado a algún inocente y esperanzado novillero, para poder hacer el paseíllo en algunas de sus plazas, donde también suelen embaucar a las autoridades de turno para sacarles la correspondiente subvención económica, porque a diplomáticos e hipócritas no les gana nadie. Se conocen todos los recovecos, túneles y cloacas de las instituciones públicas y otras entidades privadas para alcanzar sus bastardos objetivos egoístas. Son capaces de rebajarse al máximo en sus técnicas de ‘peloteo’ para conseguir esa ‘ayudita’ indispensable para ellos, además de criticar, acusar y poner a cardo a quién haga falta para ello. Son impresentables y traicioneros.
No merece la pena perder más el tiempo, ni hacérselo perder a ustedes, con estos personajillos de tres al cuarto, que ellos mismos están condenados de oficio a la mayor pena posible de los taurinos, porque son delincuentes en libertad condicional. Ojalá que pronto surja un legislador que promulgue normas y un juez que dicte sentencias justas y legítimas, para que devuelvan todo lo que han robado. Los aficionados también debemos enviarles dónde se merecen. Lo más lejos posible de una plaza de toros y de todo lo que huela a nuestra sagrada Tauromaquia. Tenemos que llegar hasta conseguir que sus nombres sean sólo horribles recuerdos y tremendas pesadillas. Y es que son también escoria. ¡¡¡Qué asco!!!