El servicio veterinario para celebrar festejos de toros en las fiestas de los pueblos, demasiado gravoso

Que en la fiesta de toros prácticamente los estamentos que intervienen en ella la tienen dominada, a veces asediada y sin dejarla rebullir, es algo que oímos muy a menudo entre quienes protagonizan a su cargo y por su cuenta cualquiera de los festejos taurinos relacionados con animales bravos en calles, plazas, campos, cosos y talanqueras.

Nadie discute la función imprescindible de su labor técnica, entendida, profesional, preparada y adecuada al conocimiento de la sanidad animal. Ahora bien, de eso a fomentar una y otra vez el chupar como esponja el agua de los recursos económicos, cada vez más escasos y de los que todo el mundo mama de esa ubre abierta para ordeño sistemático, en un alarde rayano ya en el abuso, media siempre un término ponderado y que presumiblemente debería ser revisado con toda urgencia.

Se ha puesto la Junta de Castilla y León manos a la obra, y así lo ha hecho constar, para solicitar sugerencias e ideas de reformas del Reglamento taurino así como de las obligaciones y exigencias que la fiesta de toros conlleva en sí misma y que parece una mula de carga a la que todos los demás intentan echarla sus alforjas de necesidades, recursos y apoyos. Y uno de ellos el más recurrido por los colegiados es el de los servicios veterinarios que, textualmente han puesto y que dice:

«Es necesario reforzar el trabajo que desarrollan los veterinarios en los espectáculos taurinos y en las actividades docentes de las escuelas taurinas en las que interviene animales, como son las clases prácticas y las clases magistrales. Los veterinarios son los únicos y máximos garantes de la sanidad animal, por lo que es imprescindible su actuación en el reconocimiento y control del movimiento de los animales intervinientes, en la seguridad alimentaria, por lo que es imprescindible su actuación en el control de las operaciones que se llevan a cabo para la obtención de las carnes, y es imprescindible en la garantía del trato que se da a los animales para evitar todo maltrato. Por todo ello, la presencia de los veterinarios se debe reforzar en la nueva normativa, manteniendo su presencia en todos los espectáculos al menos con el número de profesionales que la normativa actual establece e incrementando sus funciones en los aspectos anteriormente señalados».

Y nadie opone por ejemplo que pueda parecer un abuso total pasar reconocimiento a los toros en cada encierro, en cada probadilla, y cobrar por ver y revisar los mismos toros, las mismas reses, los mismo novillos contraponiéndose esta sugerencia:  «reducción de un veterinario en plazas de tercera, hacer un anexo en ayuda de los ganaderos para que el año que viene se pudieran usar en festejos populares toros con seis años, debidamente afeitados como excepcionalidad para el año que viene, no es lógico que cada vez que salen animales a la plaza en un mismo ciclo de fiestas, se haga cada vez un reconocimiento y se cobre por ello, facilidades sin costo en cuanto a autorizaciones, trámites burocráticos y demás papeleo«.

Y en otro lugar se dice: «1. Eliminación de veterinarios en espectáculos gratuitos donde no se da muerte al animal en público como Bolsines, toro de cajón, encierros populares, etc».

Todos hablan de reducción de costes paras celebrar festejos taurinos: Los toreros bajando su caché; los ganaderos abaratando precios de sus reses; los empresarios reduciendo el precio de las entradas; la administración eliminando trabas administrativas por las que obtiene recursos jugosos. Y los colegios veterinarios reduciendo también sus exigencias profesionales.

Esto último con un ejemplo lo entenderán los lectores En un mismo ciclo de fiestas en un pueblo hay anunciado en el programa festejo del toro del alba; a continuación, encierro; después, toro de prueba; por la tarde, corrida o novillada con picadores; torito del cajón o encierro de calle y Vaca nocturna. Eso en un mismo día conlleva que el Colegio a través del profesional veterinario encargado de observar la sanidad animal revise y cobre por ello en todos y cada uno de los festejos, con lo que la factura se dispara sin lugar a dudas.  Si además e incluso en una clase práctica de escuela taurina con tienta de hembras, no machos, para firmar un acta de autorización sanitaria se fije en 300 euros la cantidad a percibir, supone todo un logro más de abuso que de colaboración y de muy difícil ejecución para quienes se deciden a echar en marcha cualquier actividad con ganado bravo de por medio.

Muy posiblemente el Servicio veterinario de los festejos taurinos sea uno de los aspectos que tienen que ser considerados y revisados, en esta nueva gestión que pide abrirse paso para mejorar y dar viabilidad económica en tiempos de dificultades.

Cada vez estamos más convencidos que de los toros quieren vivir tantos y tantos que es imposible su pervivencia futura, más que nada por el estrujamiento económico al que se somete su mundo con trámites y zarandajas en cualquier anuncio festivo con reses bravas de por medio. Y eso sí que es muy difícil de soportar.

Escrito por Jesús López Garañeda

Foto: José Fermín Rodríguez