El absurdo ecologista

Los movimientos antitaurinos a menudo emanan de círculos ambientales.

Algunos defienden el patrimonio territorial, otros la causa animal. Es muy difícil definir los objetivos declarados de las asociaciones, si no el de abolir, bajo el pretexto de que la tauromaquia no es su cultura ¡¡LA TAUROMAQUIA!!

En la nebulosa taurina, es muy difícil elaborar un estudio estrictamente económico. El único estudio confiable es el de la distribución en territorio europeo de tierras dedicadas a la cría de toro bravo. Estos magníficos e inmensos pastos representan una protección total contra el desarrollo en áreas rurales y salvan un ecosistema que los ecologistas mismos defienden.

Según un estudio realizado hace unos años por el periódico ABC, la cría de toro de lidia en Europa (España, Portugal y Francia) representó una ocupación de la tierra en 337.980 hectáreas para unas 590 fincas (fuente de la Unión de los Criadores de Toros de Lidia).

A menudo ubicadas en áreas abandonadas, abandonadas por humanos, donde el cultivo puramente agrícola es difícil, estas ganaderías manteniéndolas indirectamente participan en la recuperación de la actividad económica en el área verde. Repartidos en diferentes áreas geográficas, favorecen el desarrollo de granjas extensas y una variedad de ecosistemas. El mantenimiento de fincas promueve una rica pastura y una mejor diversidad de flora. Además, aportan muchos beneficios a la sociedad con el desarrollo de actividades como el «Agroturismo», que permite que ciertas ganaderías sobrevivan, al abrir sus puertas a los turistas que son aficionados (o no) a través de visitas u organizaciones.

La cría del toro de lidia se ha convertido con el tiempo en una especie de elemento económico que busca la rentabilidad para mantener la actividad de cría dentro de las familias, lo que va a veces más allá de la búsqueda de ganancias, pero que también contribuye al patrimonio genético.

Para evitar la desaparición de la cría del toro de lidia, para conservar toda su biodiversidad, solo hay una consecuencia lógica a adoptar: la continuidad de los espectáculos taurinos.

Solo ellos dan la posibilidad de que existan los toros de lidia.

Si los diferentes grupos de presión de los «antis» los hicieron desaparecer, siempre podríamos abrir zoológicos o granjas públicas para admirar estas diferentes razas, pero mataríamos a una gran parte de la economía verde.

¡¡Hay una paradoja allí, una tontería ecológica!!

Escriro por Jean-Charles Roux

Foto: Carlos Pinto (NovilladaSin.com)