¡¡¡ Cuando ya se puede comer despacio !!!

  • Las prisas no son buenas para casi nada, pero menos para el toreo

«Qué difícil es comer despacio cuando se tiene tanta hambre», sentenció hace ya tiempo, con su sapiencia y ocurrencia habitual, el maestro de la sencillez excelsa, Curro Romero. Eran tiempos que la mayoría de críos intentaban ser toreros para salir de un estado de pobreza y miseria de sus familias, por lo que sus carreras deberían ser meteóricas. Comer despacio era algo imposible, como manda las normas básicas de la alimentación y de la propia Tauromaquia.

Por fortuna, ya esta situación es inhabitual en los aspirantes a ser toreros y alumnos de las Escuelas Taurinas, que pueden ‘comer despacio’, porque casi ninguno pasan graves necesidades, como los ‘maletillas’ de entonces. Y esto es una inmensa ventaja que ya se aprovecha, porque la mejor prueba de ello es que jamás en la historia del toreo a pie se ha alcanzado un nivel técnico medio tan alto entre becerristas o novilleros sin picadores.

Ahora se torea mejor que nunca, en todos los niveles, y eso es algo debido en gran parte a que ya los diestros no tienen tanta necesidad ni prisas para convertirse en ‘figuras’. Y el toreo ya sabemos que requiere ante todo paciencia y tranquilidad, como cualquier arte.

A pesar de ello, algunos no entienden algo tan básico como esto y quieren convertir de inmediato en ‘Manoletes’ a niños, con cualidades delante de un toro, pero a los que aún les queda muchísimo por aprender para al menos no hacer el ridículo en un paseíllo.

La enseñanza de la Tauromaquia debe pasar por las fases ineludibles de la formación en cualquier arte, como son la inicial del juego, la posterior de la atracción, que puede convertirse en afición, y si ésta se confirma pasará a ser ya una vocación. Y ya, la última, sería la de convertirla en una profesión o medio de vida, pero antes de sede esperar a que se confirmen las anteriores. Además, ésta es muchísimo más complicada hacerla realidad en el toreo, porque ya se sabe que es más difícil ser ‘figura’ que Papa.

Convertir el juego de un niño en su profesión, tanto en los toros como en cualquier cosa, no es sólo equivocarse, sino robar la infancia, adolescencia y juventud de esos chicos, que aún no tienen la madurez suficiente para saber de verdad lo que quieren, aunque les guste mucho torear para fardar delante de sus amigos. Las peores consecuencias de ello es que esas ‘figuritas’ de papel se suelen convertir en ‘juguetes rotos’, a los que se les destroza la vida durante muchísimos años o incluso para siempre.

Las prisas no son buenas para casi nada, pero menos para el toreo. Vamos a seguir dándole tiempo al tiempo, como manda la vida y la Santa Tauromaquia, por el bien de todos y sobre todo por el de esos niños que cada noche sueñan con ser toreros. No les despertemos de repente, para que su ilusión les pueda perdurar lo máximo posible.

La realidad de estos críos les llegará por su propio peso, pero cuando tenga que ser y no cuando quieran algunos señores ansiosos por apoderar y enriquecerse con una figura del toreo. No les engañéis más, por favor, que son niños.

Texto: Antonio Cepedello