Consideraciones sobre la base de nuestra Fiesta y su funcionamiento

  • «Artículo de Opinión» de nuestro compañero Antonio Anaya Marín

La temporada taurina 2024 comienza a despertar con cierto vigor con alguna feria próxima y con algunos anuncios más o menos interesantes. Con ella se alumbran ya las novilladas sin caballos con festejos próximos y con fases preliminares de distintos bolsines y concursos. Por eso creo que es momento de reflexionar de una manera un tanto general sobre el pilar fundamental que es para la fiesta todo lo concerniente a los novilleros sin picadores. La temporada pasada podría considerarse que ha resultado positiva e importante para la base de la fiesta. Otra cosa es que entremos en algunos detalles que consideramos también de capital importancia, para que esa parte de la fiesta vaya a más y con mejores y más cuidados festejos.

Algún sector del taurinismo profesional suele pedir y exigir muchas cosas, lo cual está muy bien, pero creo que nunca se hace la más mínima autocrítica, ni se plantean algunos cambios tan necesarios e importantes, para la supervivencia de la fiesta. Echar balones fuera no es bueno y no es suficiente con difundir fotografías de famosos o conocidos en los toros y poco más. Creer que todo se hace bien y aunque podría ser amplísimo -nos ceñiremos al tema de las novilladas sin picadores- no es ser sinceros. Hay cosas importantes que cambiar y los intereses personales y particulares priman, a veces, por encima del interés general de la fiesta. Y en las novilladas sin picadores, especialmente, no debería de ser así.

Vengo, desde hace algún tiempo, insistiendo en lo básica que es la elección adecuada de finalistas y triunfadores en los certámenes. Esta selección da la sensación de que a veces no es muy fina… Quizás este sea el motivo de que el escalafón de novilleros y el  superior no se renueven como debieran, aunque haya a quien todo le parezca perfecto con tal de eludir la transparencia. No se trata de seleccionar solo la actitud. Esta puede ser muy buena pero si no hay aptitud, repito aptitud, muy difícilmente se logrará el sueño de ser figura.

El toreo es un arte, no es una profesión de las muchas que abundan en nuestra sociedad. Ese arte es un don para el que indudablemente es necesaria la actitud, pues sin ella no se desarrollaría el arte taurómaco que, cuando se tiene, lo es innato y por naturaleza. No nos puede valer por tanto sólo esa actitud que conlleve un correcto aprendizaje y puesta en practica de una técnica perfecta y una corrección y asimilación de gestos, posturas y movimientos «imitadores» del arte del toreo. Al final tendremos un clonado en serie de toreros, todos parecidos y todos aplicando ese aprendizaje pero sin ese arte que surge del fondo del ser, de una marcada personalidad y del más puro sentimiento.

Dar muchos pases, terminar las series de aquella manera, según la moda del momento, y aprender a colocar la espada, tras horas de entrenamiento, puede estar bien pero no es suficiente ni es únicamente lo que deberíamos perseguir muchas veces. Para explicar estas cosas y profundizar en los conocimientos de los toros es necesaria la didáctica en la fiesta y entre los aficionados sobre todo, de forma directa o indirecta en las plazas, y sobre todo aprovechando los certámenes sin picadores.

Hay que buscar lo diferente, escudriñar en el fondo de cada chico y chica para ver si atesoran ese arte, esa personalidad y esa valía que le catalogarán como un torero de verdad. El arte y las condiciones esenciales para ser toreros son toda una filosofía, un arte excepcional con diferentes expresiones y personalidades pero con una manera de sentir el toreo que nace del fondo del alma.

Por otro lado está el «cambio de cromos» del que a veces parecen hacer uso y abuso algunos jurados y algunos empresarios o ayuntamientos. Entendemos y apoyamos que cuando las escuelas están por medio, como tienen que estar siempre, haya intercambios entre ellas que indudablemente pueden ser enriquecedores, incluso, pero no lo deberíamos aceptar cuando son puramente intereses empresariales o particulares. Y por desgracia suele ocurrir esto último con relativa frecuencia.

La base de la fiesta debería estar alejada de esos intereses personales con unas fórmulas u otras; las responsabilidades deberían estar, mayoritariamente, en los ayuntamientos, así se evitarán intromisiones y desviaciones que no van en el sentido deseado para la búsqueda y el asentamiento de grandes valores del toreo, sino en el fomento de determinados intereses particulares que sólo buscan su minuto de gloria. El dinero público debe ser una inversión en la fiesta, en su base, y no desviarse de otra forma.

Una cuestión negativa es que algunos ayuntamientos no pongan claridad en los términos y las denominaciones de los festejos o los ciclos de novilladas. Hay un batiburrillo insufrible. No se puede llamar “Certamen” a lo que no lo es, sencillamente porque no hay clasificatorias ni final, y como mucho se trata de una mal programada feria de novilladas, porque esto va en desprestigio del resto de certámenes que si lo son y que con esfuerzo, tesón y mucho trabajo e inversión, sí inversión, reúnen los requisitos precisos. No es justo que instituciones locales contribuyan a aumentar la confusión, ni que se retroceda ante determinados trabajos bien hechos, por aquello de no seguir lo realizado y conseguido anteriormente por el adversario político. Esto no beneficiará a la base de nuestra fiesta, y la continuidad, cuando se consiguen cosas importantes, es fundamental. Lo que funciona bien no debería tocarse. Es una máxima muy antigua.

Por último abordaremos el tema de los costes de los espectáculos de novilladas sin y con caballos. El excesivo coste que todavía se impone, por un sector, en plazas, sobre todo de tercera categoría, obliga a que, además de darse a posibles fraudes e incumplimientos se abuse, en gran medida, de las clases prácticas que si bien son importantes y necesarias para las Escuelas, debido a esos costes se han desvirtuado y exagerado su utilización en muchos casos… y su objetivo debería ser muy diferente al de los certámenes y ferias de novilladas, que tendrían que ser la normalidad.

El paso de novilleros sin picadores a novilleros con caballos es descabellado en cuanto a esfuerzos y costes en pequeñas plazas; resulta totalmente desmoralizante y dramático, incluso, para toreros que siéndolo de verdad, y atesorando excelentes cualidades, no tienen suficientes recursos económicos o unos padrinos que los «bauticen». Ocurre con demasiada frecuencia eso de que más vale caer en gracia que tenerla.  Esto es injusto para muchos chavales. No podemos poner ahí un dique de contención tan tremendo a los que se lo merecen. En fin, hago una llamada de atención ante este gravísimo problema que a mí como aficionado me tiene desde siempre muy preocupado y hasta escandalizado. Esto también es, de alguna manera, una forma de dejar morir a la fiesta, al no renovarse con toreros que tendrían que llegar a lo más alto y no pueden… o sencillamente no lo facilitamos por lo injusto de nuestra fiesta en los pasos a distintas categorías y en este caso en la base y cimientos de la misma.

Texto/Foto: Antonio Anaya Marín