A vuelta con que si la «agüela fuma»…

«El que esté libre de culpa que tire la primera piedra»

Una vez más, y van ni se sabe, seguimos con la cantinela del túnel y los tuneleros, y la verdad que ya suena, que ni suena.

Están los defensores a ultranza de la integridad de los sueldos, dando golpes a diestro y siniestro por las esquinas del toreo. A estos, se les han unido una serie de «allegaos» queriendo sacar algún rédito en base a no sé que intereses.

Dicho esto:

¿Existe, ha existido y existirá el túnel?

Pero yo planteo alguna pregunta a los señores profesionales, incluidos mozos de espadas:

¿Han toreado ustedes con matadores, (de toros y novilleros), de esos que tienen apoderados «ponedores»?.

Aquí la respuesta puede ser confusa porque muchos dirán no saber nada de ponedores.

Aquí va otra:

¿Cobran ustedes sus sueldos con total integridad?. Ante ésta la respuesta es rotunda: ¡por supuesto!

Pero sigamos:

¿Saben ustedes que sus respectivos matadores cuando van a torear no cobran los mínimos establecidos y que les cuesta dinero ponerse delante del «bovi»?

¿No, no saben ustedes nada de esto o, directamente no les interesa saberlo?

¿Esta praxis a ustedes no les parece un fraude contra la integridad moral y económica del toreo?

¿Siguen ustedes diciendo que cobran sus sueldos íntegros?

Bien, yo les voy a seguir creyendo, pero les advierto que no me engañan. Ustedes, señores profesionales, saben de sobra que si se mantuvieran en sus trece de cobrar sus sueldos íntegros, no se celebrarían ni una quinta parte de las corridas y novilladas en los pueblos y, aún en el supuesto de que cobraran todo íntegramente, estarían incurriendo en una incongruencia moral, ya que están permitiendo que los matadores no cumplan con los honorarios mínimos. Lo saben ustedes, y lo sabe la comisión de seguimiento, pero hacen caso omiso a esta práctica, mientras ustedes sigan diciendo que cobran religiosamente; claro, que cada uno sabe lo que se lleva en el «grilo» después de cada festejo…

Ya está bien de señalar con el dedo, y una vez más, mirémonos el ombligo.

Aprenderíamos a ser más humildes y, más tíos, que aquí: «el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra»

Escrito/Foto: Juan Luque