¡¡¡ A mí no me quitáis la ilusión por ser Torero !!!

«A mí no me quitáis la ilusión por ser torero y ahí seguiré» dicen los chicos que empiezan. Eso es síntoma que la llama aún no está apagada.

Ahí seguimos, día tras día y faena tras faena, viendo cómo el peso de la Fiesta de toros, muy acrecentado y arraigado en tantas y tantas personas, se desploma como un castillo de naipes y cae en el pozo airón del olvido, del desprecio, de la desaparición, unos dicen que por culpa de muchos que regentan, ordenan y mandan en la consecución de objetivos; otros culpan al sistema, ese amorfo y sin sentido vericueto al que achacan todos sus males quienes normalmente no ponen ni un solo esfuerzo de su parte para engrandecer y colocar la fiesta en el lugar que le corresponde. Contados son los aficionados que, además de pagar de lo suyo y no exigir en absoluto ni una sola compensación de ningún tipo, exponen en sus medios, con sus palabras más o menos atinadas la tremenda, dura y casi terminal situación por la que se atraviesa en estos precisos momentos.

Y se desploma y decae todo porque la sociedad ha entrado en el paroxismo por culpa de una crisis sanitaria, sin recuerdo ni antecedentes, con medidas distintas de adaptación, de brega y lucha contra la misma para conseguir respirar, sacar un poco la cabeza a flote y seguir latiendo vida y afición.

Desgraciadamente a más de uno le ha llegado ya la desesperanza, la inutilidad por la lucha, y acepta el acomodamiento sea cual sea para él mismo y para su gente.

Pues no. El final mientras haya chavales que quieran ser toreros resultará más lento, la llama no se apagará, seguirá encendida aunque, como ahora, destile una claridad mortecina y final por quienes deberían estar mucho más interesados en avivar su candela, en potenciar la realidad, en no ahogar con caprichos, prohibiciones y decisiones espurias desde sus despachos directivos, contrarias a la buena norma, a la costumbre, a la tradición y a la ley.

Quienes creemos en la fuerza de la Tauromaquia por sí misma, al menos deberíamos gritar al diablo todos los días, no ya para conseguir convencer a quienes no creen en ella ni en su ideológica actitud porque dirigen la caja de resistencia común, las disposiciones legales de qué es bueno, útil o inútil en un momento determinado, sino porque no queremos la imposición a todos de sus criterios, sus ideologías y comportamientos que conculcan la libertad. Ayer gritaba un picador, hoy lo hace un novillero, mañana serás tú, lector, quien tenga que hacerlo.

Escrito por Jesús López Garañeda 

Foto: José Fermín Rodríguez