¡¡¡ Debut de luces !!!

  • Artículo de opinión de nuestro compañero Antonio Anaya Marín

Hace pocos días un novillero sin picadores, apenas diecisiete años, se vistió de luces por vez primera. Desde la elección del color del vestido, la faja y el corbatín hasta todo lo que conforma la liturgia del toreo, buscó el sentido de cada detalle.

Esos colores —lila el vestido y verdes los avíos de seda— no eran sino su homenaje particular a aquel torero al que admiraba y admira desde pequeño. Eran aquellos tiempos en que su padre, cuando apenas era un bebé, lo llevaba a su abono de la grada y nos lo íbamos pasando de unos brazos a otros.

Luis toreaba esa tarde en un pueblo de Extremadura, tierra de su abuela, rebosante de ilusión y, al mismo tiempo, tratando de controlar tantos nervios y tanta responsabilidad.

Su primera vez de luces y, por tanto, su estreno como novillero sin picadores constituyen un paso importante en su carrera, como lo es para todo novillero que aspira algún día a tomar la alternativa.

Luis es uno de esos pilares sobre los que descansa el futuro de la Fiesta. En él,  aunque todavía no sea plenamente consciente, muchos aficionados depositan su confianza para que el escalafón se renueve y la tauromaquia se perpetúe. ¡Qué importantes son los novilleros sin picadores!

Desde el primer capotazo se sintió torero, con su vestido lila y ese corbatín verde sobre el que reposa la barbilla al rematar algunos de los magníficos muletazos por alto.

Su primera actuación con un novillo seguramente no resultó como él hubiera querido. ¡Cuántas cosas se quedarían grabadas en su mente y en su corazón! Pero no importa. Luis estuvo de novillero, soportando el enorme peso de la responsabilidad, los nervios propios que apenas uno reconoce y también los nervios de sus padres, de su familia y de sus amigos, estuvieran más cerca o más lejos, con todos los corazones latiendo al unísono con el del novillero.

La faena tuvo altibajos, pero dejó patente sus cualidades innatas y, sobre todo, su aptitud y actitud para ser torero. Un trofeo que pasea sin saber muy bien si camina o va en volandas, tal es el éxtasis que le produce una tarde como esta.

Ya está. Ya ha salido a torear por un camino harto difícil y complicado. Ha partido de la línea de salida y sueña con una meta que contempla en la lontananza, aunque tardará mucho tiempo en alcanzarla. En realidad, nunca llegará a verla del todo, porque siempre se marcará otra más alta y más lejana.

Luis, novillero sin picadores, torero: gracias, desde la afición, por tu amor a la Fiesta, por tus cualidades, aún por perfeccionar; por tu actitud llena de fuerza y coraje; por ser un mimbre imprescindible del tejido que sostiene la base y el futuro de la tauromaquia. Tú ya eres importante en este mundo del toro que ahora comienzas a recorrer desde tu escuela de Galapagar.

Nosotros te apoyaremos y te empujaremos cuando las fuerzas puedan flaquear. No obstante, será tu amor al toro y a la tauromaquia el que te dé la fuerza y el ímpetu que siempre necesitarás.

¡Bienvenido, Luis Izaguirre, torero!