EL DOMINICAL

IMG 6915

Domingo, 19 Noviembre 2017 19:15

La Escuela Taurina

Escrito por  David Benavente Sánchez

La Escuela Taurina tiene como fin principal: la formación de nuevos profesionales taurinos y el acompañamiento para que los aspirantes a ser toreros alcancen su sueño

Es un apasionante proyecto con ritmos de crecimiento y adaptación para el grupo y para cada persona en concreto en lo taurino y en lo humano que suscita a personas con sueños en el gran Sueño de ser Torero. La mayor satisfacción para un alumno, es decir, para alguien que quiere llegar a torear de verdad, es ser llamado torero. El alumno no debe desistir de su sueño alimentado de ilusiones y esperanzas. Sólo debe tratar de ver las señales que lo llevan a él.
El objetivo de la Escuela es plasmar, moldear, labrar, tutelar, custodiar y velar por la buena articulación y crecimiento de sus alumnos en la ardua tarea de la adquisición del Oficio de torear en sus primeros pasos como Novilleros. Antes de querer ser aspirante a torero tiene que ser un aficionado en “arte y parte” y un conocedor de la Tauromaquia y de su historia. Un conocedor del toro en el campo y de los toreros en sus trayectorias. Es aconsejable leer buenas biografías y conocer distintos encastes. Estar bien formado en lo físico, mental, sicológico y en los conocimientos teóricos - técnicos por esto se aplicaran en las clases prácticas y teóricas excelentes fundamentos filosóficos y cívicos. Es sabido que la ética no es otra cosa que la reverencia por la vida y en la Tauromaquia hay mucha vida en juego. Los alumnos no son números sino vidas con nombre y apellidos. En la Tauromaquia esto es tenido en cuenta como queda reflejado en los carteles por ejemplo.
Su formación es la formación integral de la persona cuya herramienta es la ética humano – taurina que es un gran abanico con muchos componentes como la disciplina, el respeto, el compañerismo, la capacidad de sacrificio, el esfuerzo, la superación, el ir mas allá de las líneas trazadas, la dignidad, la torería, la preparación física, la constancia y la dureza de la profesión y de la vida del torero. La formación tiene su propio itinerario y no se puede pasar por encima de ellas como si no existieran o acelerarlas imprudentemente o acortarlas inesariamente. Hay alumnos que han presionado a sus profesores para precipitar y abreviar este itinerario y después se han visto en la mayor frustración.
La Escuela Taurina debe ser un espacio abierto para todos aquellos niños y jóvenes que han sentido una cierta inquietud, y que están debidamente motivados, y en disposición de participar en los entrenamientos y
actividades sin poner condiciones. Jóvenes amigos del compromiso y de la entrega, de la exigencia, de la obediencia e interés, de la humildad y del respeto al reglamento y al profesorado y a los compañeros. Es un centro de formación asique todos los que pertenezcan a la escuela deben ser “barro en manos del alfarero” para recibir la impronta taurina sin perder su propio genio. En la Escuela es importante la sumisión del alumno para que se deje enseñar por el personal cualificado relacionado con las diversas artes del torero.
La Escuela es un centro de formación, educación y enseñanza con personal administrativo, docente, auxiliar, y subalterno necesario para el cumplimiento de los fines con los que se creó. No solo se imparten clases teórico práctica sino de educación física y en algún caso académico.
El plan es la colaboración en la mejora y promoción de la Fiesta de los toros facilitando el nacimiento de nuevas figuras, promesas y cumplimientos; y de potenciar nuevos valores que contribuyan a su pervivencia y engrandecimiento. El punto de partida para llevar a cabo este plan es el enriquecimiento espiritual, humano, moral, ético, social, cultural, intelectual, práctico de cada alumno aspirante a ser torero. En la colectividad de la Ecuela se tiene que respetar y cuidar la individualidad de cada alumno.
Una anécdota con moraleja os narro ahora:
"Un hombre del pueblo de Nabuga, en la alta costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguecitos. El mundo es esto- enseño- un montón de gente, un mar de fueguecitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demas.No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los tamaños. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende".
Esta anécdota nos sirve de ilustración para decir lo que hay en el interior de una Escuela Taurina y para decir a los alumnos que no se apaguen como una vela. Que se rebelen contra los “modelos” de armadura oxidada. Que no se aíslen en su propia mente de prejuicios y normas irracionales. Que dejen que el fuego de su pasión taurina lo ilumine, que sientan la vida y palpiten con ella hasta las últimas consecuencias y que no se conforme con ser como los demás o con uno más del montón.